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Izquierdos y Cabanillas

El verano adelgaza los periódicos y, a la par, engorda los titulares de las serpientes reales o fabuladas que brindan a los lectores. Los sucesos adoptan sus tintes más trágicos al punto que los comunes – los accidentes de tráfico – mandan en portadas y avances audiovisuales con frecuencia. En una revisión rápida, añado el adjetivo estival a las peores noticias que seguí por mi oficio y evoco un rudo agosto cuando, en medio de la lucha contra el fuego, un guarda forestal atribuyó las desgracias veraniegas a la puntual fuga del diablo que, durante el año, San Bartolomé tiene atado por sus partes sensibles. Hace un cuarto de siglo, y, acaso con Satán campando a sus anchas, dos hermanos pastores mataron a nueve personas e hirieron a otras doce. Ocurrió en la pedanía de Puerto Hurraco, término de Benquerencia, provincia de Badajoz. Los medios escritos y digitales recuperaron en días pasados el drama que agitó otra vez el fantasma de la España negra que, a toda costa, los vecinos de la aldea quieren olvidar. El origen de la matanza fue un pleito de linderos y tuvo varios y graves detonantes. En 1967, Jerónimo Izquierdo apuñaló de muerte a Amadeo Cabanillas y cumplida su condena, en 1986, hirió de gravedad a su hermano Antonio; entre ambos episodios, éste fue acusado del incendio de la casa en el que falleció, Isabel, la madre de los homicidas, en el otoño de 1984; la investigación se cerró, no obstante, sin cargos para nadie. El colofón lo escribieron Antonio y Emilio Izquierdo sobre las diez de la noche del 26 de agosto de 1990, cuando el vecindario disfrutaba en la calle de la brisa fresca y, sin pronunciar palabra, dispararon sus escopetas de caza contra Encarnación y Antonia, de trece y catorce años y luego, sin freno ni clemencia, contra cuantos acudieron a socorrer a las primeras víctimas. También atacaron a los guardias civiles de Monterrubio que, finalmente, los detuvieron en la sierra. Los Izquierdo tuvieron malos finales; tres murieron en el Hospital Psiquiátrico de Mérida; el mayor, Jerónimo, en1986, y Ángela y Luciana, considerada por ciertas fuentes como la inductora del crimen, en 2005. Los autores de la masacre no salieron de la prisión; Emilio, también en 2005, falleció de un fallo cardíaco y Antonio, en 2010, se ahorcó en su celda. Este cronicón de la cruel inutilidad de la venganza fue el argumento de El séptimo día (2004) dirigida por Carlos Saura y con una memorable actuación de Juan Diego y José Luis Gómez.