nombre y apellido

Jesús Neira

El 2 de agosto de 2008 los españoles descubrimos un héroe anónimo que, en la defensa de una mujer maltratada, sufrió una brutal paliza por parte del agresor. Durante los sesenta y seis días que permaneció en coma se sucedieron los reconocimientos públicos como la concesión, por el Gobierno de España, de la Gran Cruz del Mérito Civil y la Medalla de Oro del Senado en cuanto “representaba lo mejor del espíritu constitucional y del pueblo español”. Siete años y cuatro semanas después y a causa de otro derrame cerebral, Jesús Neira Rodríguez (1953-2015) falleció en el mismo Hospital de Puerta de Hierro donde convaleció pero, ahora, alejado de la popularidad ganada cuando, con la mejor intención, interfirió en la disputa de Antonio Puerta y Violeta Santander. Con problemas de adicción y antecedentes violentos, el maltratador cumplió dieciocho meses de prisión y, en octubre de 2010, apareció muerto por sobredosis; su novia y polémica defensora en los platós de televisión, ingresó días después en un centro psiquiátrico aquejada de una grave depresión y, desde entonces, desapareció de los focos. La tragedia persiguió a las tres personas cuyas vidas se cruzaron un mediodía, cuando un discreto docente entraba con su hijo a tomar un refresco en un hotel madrileño. Con el alta médica se convirtió en personaje popular, halagado por los partidos políticos y querido por la ciudadanía, recibió homenajes y aceptó la presidencia del Consejo Asesor del Observatorio Regional contra la Violencia de Género. También engrosó la nómina de tertulianos de medios audiovisuales y, por ello, sufrió el riesgo de las declaraciones sonoras y radicales de las que todos, en mayor o menor medida, somos esclavos. Profesor de Teoría del Estado de la Universidad Camilo José Cela, uno de sus grandes deslices -o posicionamientos, como matizó algún amigo- fue calificar la Constitución Española como “una anormalidad democrática, un apaño y un arreglo entre partes”, contestado desde los frentes políticos con contundencia e, incluso, acritud. En septiembre de 2010 – un año funesto para los tres personajes mentados – fue detenido en un control de alcoholemia por triplicar la tasa permitida; perdió su carnet y todos sus apoyos y salió de su primer y único cargo público. De su posterior e inevitable eclipse sólo trascendieron sus problemas de salud, sus apuros económicos por una parca pensión de invalidez y su soledad; a finales de agosto, el mes en el que saltó a la fama, llegó la noticia de su muerte.