Tertulia villera

Luna llena en El Portillo

Sigo diciendo que julio es un mes muy especial, no solo por la transición al verano sino porque es una buena fecha para los ejercicios de resiliencia astronómica. Es lo que nos viene sucediendo a la familia a la que pertenezco, que a lo largo de la vida que conozco siempre le ha gustado subir a Las Cañadas y disfrutar en tan singular espacio natural. En esta ocasión con familiares recién afectados por crisis de salud pero conocedores de la importancia de la conjunción de planetas y de satélites. Fue lo que nos sucedió la noche del 31 de julio de 2015 en la meseta de El Portillo. Al mediodía habíamos alcanzado Las Cañadas desde Taoro y observamos muchos movimientos. La gente había iniciado las vacaciones y estaba ávida de disfrutar del espectáculo íntimo del cielo de Tenerife. Aún quedaban flores en algunas plantas emblemáticas pero ya las retamas y los tajinastes estaban secos.

El Portillo seguía siendo lugar de apoyo logístico pero necesita un plan de modernización. No obstante sirvió de base para las lecciones de resiliencia orientadas a superar las crisis que la salud nos puede abrir a estas alturas de la vida. Los alumnos se portaron bien. Unos cocinaron cazuela de pescado, otros guisaron papas bonitas y el que menos aportó caldos de la isla, de la zona sur, particularmente. Ya en los postres llegó el turno de sorpresas, incluso se recibieron mensajes alentadores sobre asuntos judiciales, y aparecieron programas de veladas líricas celebradas en La Orotava en el año de 1951. Estaban relacionados con las Cosas del Pueblo y San Cucufate y conocíamos a casi todos los personajes. Uno de ellos era el que suscribe, que ya a los 9 años participaba en las actividades del Liceo de Taoro.

El repaso por el equipo humano que en la Gran Velada Teatral del 19 de diciembre de 1951, organizada por el Liceo de Taoro, protagonizaron las Cosas del Pueblo, -con prosa de don Felipe Casanova y música del maestro Calamita-, resultó espectacular. El salacot de Mr. Pique, representado por el amigo Daniel Fernández, fue el detonador de las risas y de los cánticos de pescadoras y caladoras. La óptica era mágica y se habló de Julio Llamazares y de las distintas formas de mirar el agua.

De la importancia de mantener el sector rural, pues de lo contrario se perdería el orgullo, la ilusión, la dignidad, el paisaje y se borraría la memoria. Mientras, Venus había aparecido por el noroeste y la Luna llena por la espalda, pero el volcánico padre Teide se mantenía impertérrito. La luz del sunset era espectacular sobre los fondos de riscos, retamas y de pinos, algunos canarios y otros insignes pero secos, mas la Luna Llena era mucho.