superconfidencial

Más de lo mismo

1. He recibido las impresiones, siempre interesantes, de un desocupado lector, don Juan Peraza. Que me dice: “¿Cómo se le ocurre a usted arremeter contra esos consumados deportistas (los ciclistas) que, equipados -supongo que para deleite de las tiendas de deportes-, como si de correr el mismísimo Tour se tratara, tocacojonean las rutas, como por ejemplo la de la ladera de la Montaña de Güímar, por la que suelo transitar, con verdaderas molestias para los automovilistas porque, en su esfuerzo sobrehumano, van en corro, tertuliando y haciendo difícil el adelantamiento? Enhorabuena, porque alguien tenía que decirlo”.

2. Y añade, en su carta: “Como su voz tiene, por lo que se ve, más resonancia que la de los que sufrimos (a los ciclistas), además de agradecerle la iniciativa de decir lo que dijo, me permito presentarle mi queja contra los que, obligados por el cartel de prohibido fumar en las cafeterías, salen a la calle a echarse el cigarrito, pero si uno mira de perfil la puerta, debido a la corriente natural de aire, el humo entra en el local y, además, la colilla se queda en la acera”. No le falta razón a este buen hombre. Yo, que nunca he fumado, he sufrido el asco del humo y la suciedad de la colilla en la acera, como él apunta. Por eso no frecuento los bares, con alguna excepción donde se cumple la ley.

3. Y el señor Peraza me llama la atención sobre otros personajes. Son esos abuelos con pantalón de vestir, zapatillas deportivas y gorra con visera, que se lanzan a la calle, cumpliendo escrupulosamente los consejos del médico, y dada la enorme agilidad adquirida, por aquello de “caminar sin detenerse” que le ha dicho el doctor, “transitan por los sitios que no deben, ignoran los pasos de peatones y, si los utilizan, hacen olímpica ignorancia del color de la señal del semáforo, obligando a los automovilistas a frenar y poniendo en riesgo sus vidas”. Y después sus hijos a luchar por el seguro cuando han sido ellos los autores del desaguisado. Pues yo agradezco mucho a este desocupado lector sus atentas observaciones, que he trasladado a ustedes escrupulosamente. Y gracias por el apoyo en el asunto de los ciclistas, que todavía triunfa en la Red. Qué pesados.