DEJA VER

Paco Zuppo y el riqui-raca

Paco Zuppo trabajaba en Banesto y era habitual verlo por las calles de Santa Cruz con una pequeña cartera donde portaba recibos y letras al cobro. Él aprovechaba la coyuntura de estar mucho en la calle, para ir siempre provisto de un silbato y colaborar para que el tráfico circulatorio de la ciudad fuese más fluido. Podías encontrarlo en cualquier esquina del centro de Santa Cruz, dirigiendo espontáneamente la circulación con aspavientos característicos de guardia urbano y ayudándose del pito. Pero su auténtica pasión era la dirección de riqui-racas, especialidad en la que era un consumado maestro y por la cual gozaba de un gran reconocimiento popular. Su técnica consistía en ubicarse en el centro del campo y con ademanes de director de orquesta, incitaba a que diferentes gradas fueran contando sucesivamente hasta tres, para que a continuación todo el Estadio de forma coral entonase el riqui-raca al compás que él iba marcando, y finalizar con todo el público aplaudiendo fuertemente mientras Zuppo, brazos en alto, saludaba a la afición. El riqui-raca es un canto popular de animación muy singular y de difícil traducción a otros idiomas: “Riqui raca zumbarraca sim bon ba, riá riá riá, Tenerife, Tenerife y nadie más”. A continuación el canto tiene una coda de final que es: “Triqui triqui tri, riá; triqui triqui tri, riá; riá riá riá, Tenerife, Tenerife y nadie más”. Precioso. La verdad que verlo escrito es más impactante. Esta actividad había convertido a Zuppo en un personaje popular, al que se le tenía un especial cariño y él se sentía importante. Fue distinguido con la Medalla de Oro y Brillantes del Club Deportivo Tenerife y la de Oro del Real Club Náutico, aunque que yo sepa no le dirigía riqui-racas a los bañistas. Quizás fue porque dirigió riqui-racas al Náutico de baloncesto. También el Ayuntamiento de Santa Cruz le concedió la medalla de bronce de la ciudad, imagino que por ser un ciudadano ejemplar y ayudar a dirigir el tráfico. Como de cualquier personaje popular, siempre circularon leyendas urbanas, cuya veracidad nunca fue fácil constatar, aunque como siempre sucede en estos casos, siempre hay alguno que afirma haber estado presente aquél día. Una de ellas, sobre Zuppo, es que un día dirigiendo un riqui raca, al contar dos, le sobrevino un ataque de lumbago que lo dejó rígido y no pudo continuar, teniendo que abandonar el terreno de juego con las manos atrás apoyadas en la zona afectada y cara de dolor, pero con la consiguiente ovación por parte de la afición. Otra que llegó a mis oídos es la de que un día que arribaba a su piso de madrugada y en estado algo perjudicado, tras subir sigilosamente las escaleras e ir a meter la llave en la cerradura de su vivienda, alguien en otro piso movió el pestillo. Zuppo reaccionó rápidamente y levantando los brazos exclamó: “¡No disparen, que soy Zuppo!”. Personaje afectivo con sus conciudadanos, dotado de un gran sentido del humor, afable y cariñoso, especialmente con los niños a los que siempre les hacía bromas llenas de ternura. Sentimientos correspondidos por la ciudadanía, pues siempre fue un personaje muy querido por todos. Con motivo del primer ascenso de la Unión Deportiva a Primera, ¡en 1951!, fue invitado a Las Palmas a dirigir un riqui- raca en el Estadio Insular. Tras el partido fue llevado a hombros, como un torero, por las calles de la ciudad y dirigiendo riqui-racas por doquier. Nos dejó en 2010, cuando contaba 90 años. Todavía hoy, cuando ocasionalmente voy alguna vez al Estadio, hay un momento antes del comienzo que me traiciona el subconsciente y sin darme cuenta estoy esperando que aparezca Paco Zuppo y empiece: “…uuunaaa, dooos y treees… riqui raca zumbarraca sim bon ba…”.
Deja ver…