El dardo

Pactos políticos

Tierno Galván, el viejo profesor como le llamaban sus seguidores, decía que las promesas electorales, como ciertos pactos políticos, están para no ser cumplidas. Al menos en Canarias, la realidad se ha encargado de dar la razón al catedrático y fundador del PSP. Aquí ha habido incumplimientos para dar y tomar, y por parte todos, quiero decir los tres grandes partidos -CC, PP y PSOE-, empezando por la ruptura del pacto de hormigón de 1993 entre el PSOE y las AIC -embrión del incipiente nacionalismo moderado de entonces-, merced a una moción de censura presentada al entonces presidente Saavedra por parte de su propio vicepresidente, Manuel Hermoso, tras la cual nació Coalición Canaria. Luego -además de los acuerdos contradictorios del CCN, la ruptura de CC y el nacimiento de Nueva Canarias-, se produjeron la expulsión del PP del Gobierno de Adán Martín, el abandono del primer Gobierno de Rivero por parte de los populares de Soria, que buscaban réditos electorales, y los líos de la pasada legislatura en La Palma y El Hierro entre nacionalistas y socialistas. Los pactos en cascada, que tratan de evitar localismos, insularismos y políticas de campanario, no han dado con la tecla para embridar estas situaciones despreciables, en pueblos como en ciudades, donde la violación de pactos regionales y acuerdos municipales son casi una constante. Las diferencias personales y la falta de química, en unos casos, y las bajas pasiones políticas, en otros, han envenenado el deseable buen entendimiento entre dirigentes de las formaciones políticas comprometidos con la ejecución de determinados objetivos en beneficio de la comunidad autónoma o de sus distintos municipios. La carencia de autoridad entre la dirigencia de los partidos ante los clamorosos incumplimientos de las obligaciones adquiridas por algunos de sus militantes y, a falta de mejores argumentos, la ligereza de unos y otros al amenazar con la ruptura de pactos y compromisos constituyen los peores ejemplos del déficit de generosidad política y sentido de responsabilidad de nuestros políticos. Canarias necesita estabilidad en instituciones y corporaciones y buen ejemplo por parte de todos sus dirigentes, que hacen demasiado ruido y anteponen sus intereses a los de todos los canarios. Y así nos va.