el charco hondo

Póster

Hay quien asegura haber visto a Carlos Alonso de cháchara con el vecino del yerno de un exvocal del PP. No queda ahí la cosa. Al parecer, ojo, al presidente del Cabildo se le notaba relajado. Cuentan, aunque ya se sabe que la gente tiende a exagerar, que Alonso alegaba distendidamente, sin generarle tensión o incomodidad alguna hablar con el vecino del yerno del exvocal del PP; al revés, por lo visto hablaban de series de televisión -o de películas, no se les escuchaba bien- como si el vecino del yerno fuera socialista, en cuyo caso, entonces sí, tendría lógica la actitud afable y relajada del presidente. Porque Alonso, no se olvide, gobierna con los socialistas; y no, hombre no, no está bien que trate con los del PP. Esa conversación, que tuvo lugar en la puerta de una cafetería, sienta un precedente que (estas cosas las carga el diablo) podría desembocar en la ruptura del acuerdo de CC y PSOE en esa y otras corporaciones. No debe volver a ocurrir. Si se le deja pasar ésta, a saber, lo mismo Alonso se desmelena y acaba echándose un partido de tenis con un primo segundo de Antona, tomándose una cerveza con el mejor amigo de la nuera de un senador del PP o, lagarto, lagarto, plantándose en Fomento para intentar amarrar algunas inversiones. Vamos a ver, vamos a ver. De acuerdo, está bien, vale que esto de tener a presidentes de cabildos o alcaldes buscándose los garbanzos en los ministerios llame la atención, que bueno será que mantengan al Gobierno informado de este tipo de gestiones -básicamente, para no pisarse-. De acuerdo, está bien, vale que envejeceremos sin saber a quién se lo contó o dejó de contar. De acuerdo, está bien, vale que estos encuentros disparan celos y recelos presupuestarios. Dicho esto, es uso y costumbre, hábito y tradición, que alcaldes y cabildos gestionen directamente con el Estado algunos asuntos. Desdramaticemos. Cierto es que Alonso no tiene un póster de Pedro Sánchez en el salón de su casa, pero no saquemos las cosas de quicio.