TRIBUNA

Rocordando a Manolo Casanova

Recordamos a Manolo Casanova y en él al Grupo Nuestro Arte al que pertenecía. Su lenguaje era el de la paleta inteligente, que le llevaba a crear pinturas de silencios. Congruente consigo mismo, descubrió a lo largo de su vida los misterios de la plástica.

Tuve la oportunidad de conocerlo y entrevistarme con él en varias ocasiones. Integrado de lleno en Nuestro Arte, momentos de avanzadilla en la pintura, imbuidos todos los componentes con el empuje de la juventud. Me contaba que fue animador del grupo en el café El Aguila, de la calle del Norte (hoy Valentín Sanz). Era el lugar de reunión de los intelectuales de Santa Cruz. Allí tertulias, literarias y poéticas. También se hablaba de fútbol y se discutía de los problemas del arte y de la cultura. Se le llamaba el café de los artistas, y era punto clave del acontecer diario de la capital. Cuando llegó la piqueta municipal, los contertulios se trasladaron a la Plaza del Príncipe, y más tarde al restaurante Sotomayor, en la calle de José Murphy, hoy una banca

Me comentó Casanova que la creación del Grupo Nuestro Arte fue una consecuencia del comportamiento obligado de toda actividad después de la guerra civil española. La cultura en la Isla, y en toda la nación había sido arrasada. Se produjo entonces una reacción hermosa y salvaje, que pudo llegar a lo que estaba ocurriendo en un mundo fuera del que limitadamente estábamos obligados a permanecer atentos a la lectura ocasional de de libros obtenidos de contrabando, editados en Buenos Aires, México o París y no eran políticos. Libros que corrían de mano en mano cumpliendo una intención puramente misional. Otro tanto ocurría con el conocimiento de las corrientes estéticas de las que se sabía poco, llegados de las manos de los hombres que quedaron en Gaceta del Arte. Fue la Generación del Bache, como le llamaba Enrique Lite.

Su pintura comunicaba, se sentía íntimamente complaciente cuando lograba transmitir dignidad a través de sus cuadros y decía que sentía contrariedad cuando no lo conseguía.
Estudió en la Escuela de Artes y Oficios de Santa Cruz de Tenerife, siendo su maestro Nicolás de la Oliva Blardony. Gran persona que muchos conocimos por nuestras clases de dibujo en el colegio de los escolapios. Comentaba Casanova, que Nicolás de la Oliva fue maestro de generaciones de pintores. Su saber lo transmitió con amor y dedicación .Sus consejos eran inolvidables a pesar de los pocos años que tenía.

Fue Manolo Casanova un artista de los pies a la cabeza que ha dejado un recuerdo imperecedero en la cultura canaria, a la que supo dar todo lo mejor de su creación.