el charco hondo

SC

Cada ciudad esconde cientos de ciudades en su interior, tantas como recuerdos. Ciudades que son muchas pero es una sola, aquella en la que nos hemos criado. Con el paso de los años las distintas ciudades que llevamos dentro, en las habitaciones de la memoria, van encajando unas dentro de otras, como si de matrioshkas se tratara. Son ciudades interiores que solo vemos nosotros y quienes, amigos, familia o meros conocidos, nos han acompañado en el trayecto; ciudades que van quedando bajo la ciudad que pisamos. Cada vez que cierran una tienda, derriban una casa, desaparece un bar o cambian una calle, cada vez que pintan o despintan, estrenan o clausuran, otra capa de cebolla cubre las capas anteriores, capas que hacen invisible a ojos de muchos la ciudad que hemos vivido. Hay tantos Santa Cruz como tantos Santa Cruz tenemos dentro; tantos como besos y penas tenemos guardados bajo las capas de la cebolla. Pero, aunque solamente nosotros podamos verla, ahí sigue, bajo nuestros pies, la ciudad que las capas esconden. Ahí seguimos, en la ciudad que tenemos dentro, saliendo en tromba del colegio, comprando pachangas, suelas y bocadillos de chorizoperro en el quiosco de siempre. Echando a andar. Bajando en manada del instituto. Deambulando de cancha en cancha, alegando hasta las mil junto al mismo escaparate. Hablando sin saber que hablábamos sin saber. Imaginando. Yendo al cine con ella por primera vez. Debutando con el alcohol. Muriéndonos, y no siempre de risa, con las caladas iniciales. Descubriéndonos los dos donde, así pasen los años, ni dijimos entonces ni diremos ahora. Quemando las madrugadas con el grupocarnaval de entonces, de hoy y siempre. Amistades, días, amores y noches que vamos guardando, unos dentro de otros, como se hace con las matrioshkas. En veinticuatro horas cerrará La Flor de Alicante. Mañana, cuando quede cubierta por otra capa de cebolla, seguirá existiendo en El Toscal que Jesús Caramés, Ángel, Alfredo Gil, Baquero y tantos otros llevamos dentro.