tribuna villera

Schommer, toda una vida fotografiando

Cuando preparaba el libro Cuba, cien años después (1898-1998), con algo de texto y mucho de fotos de la pareja canaria Elia Arozarena y José Luis González, acudí a fotógrafos que habían plasmado en sus cámaras el paisaje natural, cultural y humano de la isla de Cuba. Uno de ellos fue Alberto Schommer, pensé que era alemán pero me equivoqué puesto que había nacido en Vitoria, en el País Vasco, el 9 de agosto de 1928. El día de los pueblos indígenas para el recordado Eduardo Galeano, un hombre del Cono sur. En la misma fecha en que nació la líder maya guatemalteca y Premio Nobel de la Paz, Rigoberta Menchu, pero de otro año diferente.

La presencia de Alberto Schommer en Cuba en 1994, con su cámara Nikon F-4 al hombro, le permitió recordar su estancia en el Caribe en los años de 1940, poco tiempo después que estuviese su admirado icono fotográfico norteamericano Walker Evans, quien en 1933 además de coincidir con Ernesto Hemingway en La Habana, se convirtió en el máximo exponente de la fotografía social de entonces, al plasmar de manera sencilla la cotidianeidad de la vida cubana que administraba políticamente el conflictivo presidente Gerardo Machado. El trabajo fotográfico de Schommer se concentró a lo largo del tiempo en la sociedad española, política y cultural, y menos en la cubana pero de su trabajo profesional me quedo socialmente con las fotografías tomadas en blanco y negro en la isla del Caribe en 1994, que aglutinó en un libro espléndido de imágenes que llamó La vida. Se lo dedicó a su admirado Walker Evans, todo un pionero de la fotografía documental y callejera. El libro de fotos La vida muestra la realidad como es, sin idealizarla, de manera sencilla y sobria, y le da un toque de distinción que la aproxima a la poesía callejera de su amigo. Salvando las distancias y las cámaras fotográficas me recordó un trabajo fotográfico Rostros cubanos, que expusimos hace un lustro en Canarias y en Cuba, obra de una joven estudiante de Bellas Artes, Suzet Ávila Brito, trabajadora en la Academia habanera de San Alejandro. Desde 1998 disfruto de las fotos en blanco y negro de este excelente fotógrafo hispano que nos acaba de dejar, laureado como Premio Nacional de Fotografía en 2013. Tengo claro que Alberto Schommer es una de las dos alternativas que señala un filósofo y maestro budista cuando apunta las maneras de difundir la luz, y creo que es la del espejo que la refleja. De hecho se pasó toda la vida fotografiando con Leicas, Rolleis y Nikon, y su colección La vida sobre La Habana en 1994, lo demuestra.