tribuna

Sebastián Padrón Acosta

Hay personajes de nuestra cultura canaria, que en una época llenaron el mundo de las letras, con sus poesías, su literatura, sus novelas, además en este caso con el sacerdocio, el polígrafo, Sebastián Padrón Acosta. Quizá mucha gente no le conoció, sobre todo los jóvenes, sin embargo hay estudiosos de esta figura que ha sacado a la luz la historia y la vida de un hombre que sobre todo fue poesía

Su amigo en los últimos años de su vida, el químico, escritor y poeta, Miguel Melián, uno de los hombres de nuestra cultura actual, lo retrata perfectamente. Estudia su obra, lo acompaña en los últimos años de su vida, y nos da a conocer su caudal literario en un libro titulado Sebastián Padrón Acosta. Ensayo de Comprensión. Fue este sacerdote un valor muy importante de las letras tinerfeñas de la primera mitad del siglo XX.

El autor en su libro, destaca tres etapas de su vida: el Puerto de la Cruz, donde nace el 31 de julio de 1.900. Luego su juventud en Santa Úrsula y por último su estancia en Santa Cruz de Tenerife, donde desarrollaría su vida literaria más importante. Al ser su padre secretario de Administración Local, la familia tenía que trasladarse según los destinos. Padrón Acosta solía recordar sus años en Santa Úrsula. Realizó estudios muy importantes sobre el pueblo guanche de aquella zona, entre ellos el topónimo de la comarca de Chimaque, de hecho su primera novela la tituló La moza de Chimaque, narrativa y argumento que era de aquel pueblo norteño y las costumbres y los dimes y diretes de sus habitantes, que lo más importante en sus vidas era cuidar los viñedos y el ganado. Novela importante de leer para los canarios pues en cada capítulo queda retratada la comarca de Santa Úrsula, sus fiestas, sus gentes que tenían que dar grandes caminatas para llegar al pueblo.

Decide Padrón Acosta ingresar en el Seminario Diocesano de Tenerife, en 1.913. Cursa sus estudios con brillantes calificaciones. Por su afición a las letras, solicitó de sus superiores estudiar el bachillerato en el Instituto de Canarias, hoy Cabrera Pinto. Adoraba a La Laguna, a la que definía como “ciudad hecha de flores y que en ella, para siempre, quedóse cautivada la primavera”. Ya sacerdote comienza su ministerio sacerdotal como coadjutor en Frontera (El Hierro ). Luego seguiría de capellán en el Hospital de Santa Cruz de La Palma y de nuevo coadjutor en el Barrio de La Ranilla, en el Puerto de la Cruz. En 1.950, ya en Santa Cruz, trabajó en la parroquia de San Francisco. Aquí ya encuentra su ambiente y prepara trabajos de investigación que se publicarían en El Día y en el vespertino ya desaparecido La Tarde, que dirigía don Víctor Zurita. En estos momentos hace también guiones para Radio Club Tenerife y colabora en la revista de Historia de la Universidad de La Laguna.
Miguel Melián, en este libro nos da a conocer a un intelectual casi olvidado. Sus amigos los poetas, muchos de ellos fueron sus alumnos, como Julián Herráiz, Julio Tovar, Manuel Castañeda, Luis Montelongo, Francisco del Toro, Antonio Vizcaya, Alfredo Reyes Darias y Manuel Perdomo Afonso, nunca olvidaron a su querido profesor..
Uno de sus grandes trabajos de investigación lo tituló, Apuntes históricos sobre la parroquia matriz de La Concepción , que publicó en La Tarde desde agosto de 1.943 hasta principios de 1.945.

La escritora María Rosa Alonso, dijo de este literato que “escribió la historia de La Concepción con materias de primera mano, gran amor y paciencia, siguiendo el ejemplo de Rodríguez Moure, en los templos de La Laguna y Candelaria”.

En 1.950, la sección de pintura del Círculo de Bellas Artes le ofreció un homenaje que consistió en una exposición pictórica y de escultura, y en la que Padrón Acosta estudió a los artistas que exponían: Juan de Miranda, Valentín Sanz, Miguel Arroyo Villalba, Rodríguez de la Oliva, Luis de la Cruz, Antonio Sánchez González y el imaginero orotavense Estévez del Sacramento.
Cuenta Miguel Melián, que lo visitaba con bastante frecuencia, que nunca lo vio postrado en la cama, sin embargo demacrado y con una sonrisa triste casi siempre. Así mismo acudían a verle el obispo Domingo Pérez Cáceres y el jesuita Luis María de Eguiraun. Murió un 6 de mayo de 1.953.La prensa local se ocupó de su marcha callada y en silencio. Se había ido un ilustre polígrafo, investigador de temas históricos, artísticos y literarios isleños.