superconfidencial

Los vigías

1.Ayer, por no sé qué extraño sortilegio, mi pobre artículo de jubileta no apareció en la edición digital de este periódico. A veces ocurren estas cosas. No vean la lata que me dieron los desocupados lectores preguntándome si ya me habían echado del DIARIO (me han echado de todas partes desde que tengo uso de razón). Mi respuesta, muy mosca por el devenir de mis propios acontecimientos, es siempre la misma: “Que yo sepa, no”. Y así dejo intranquilos a mis fans para que hagan todo tipo de conjeturas a mi costa. Todo esto de la gloria regional es una mierda, todos vamos al mismo hoyo y al mismo sitio, o sea, a ninguna parte. Así que la gloria vana, como dicen Les Luthiers, a mí ni me renta nada, ni me gusta nada, aunque a lo mejor en un tiempo, sí. Al fin y al cabo, ¿qué es la vida sino una feria de las vanidades?

2.Me hacen mucha gracia los vigías, que son esos viejitos que se ponen a mirar por los agujeros de la malla verde de las obras, cuando había obras, y ahora como no las hay se van a la Internet -algunos la dominan- y a mirar si mi artículo aparece o no en la edición digital del periódico. Ayer me volvieron loco y ayer era una fecha muy mala para mí porque tenía almuerzo y cena concertados, eso sí, muy gratos, y cuando esto ocurre me pongo muy nervioso y me echo mano al estómago de manera infructuosa y me tomo el azúcar y la tensión tres veces y me estreso mucho. Recuerden que soy un hombre de 68 años. Me dicen: “¡Je!, hoy no vienes…”.

3.Yo agradecería a los amables y desocupados lectores que no me telefonearan cuando algo malo ocurre. Estaba tan estresado que fui a buscar a mi hija a Alcampo y me metí por donde había un pretil mal señalizado y casi me quedo sin un coche que no es mío, sino prestado. Tuve que acudir al mecánico para certificar que el amortiguador no se me fue al carajo. Y doy gracias a Dios. En fin, que cuando no aparece un artículo o cuando se enteren de que algo malo me va a ocurrir no se les ocurra llamarme. Yo a los amigos sólo les telefoneo cuando voy a darles una buena noticia. De lo contrario, me callo.
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