el charco hondo

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En cien días se podrá hacer balance de los cien primeros días, antes no. Hacen falta doscientos, si no más, para evaluar con conocimiento de causa el trimestre inaugural del actual Gobierno. Al Ejecutivo el test lo ha cogido empezándose a vestir. Cuentan, no lo que ha ocurrido, sino lo que creen que va a ocurrir. Evalúan, no lo que ha pasado, sino lo que esperan que pase. La liturgia de los cien días debería enterrarse. Habría que ahorrarle al Gobierno del momento -a éste, pongamos- el trago de dar por hecho lo que aún no ha sido, el esfuerzo de conjugar en presente pluscuamperfecto lo que, a la espera de acontecimientos, no es más que futuro deseable. Es incontestablemente cierto que se está más cerca de lograr que sea atendida la histórica demanda sobre el ITE; tanto como que ese contrato aún no se ha firmado, que sigue sin concretarse su texto final o que han repartido la piel del oso antes de reunirse (en el Ministerio) con el mismísimo oso. También el REF económico habita en el reino, no de lo que ha ocurrido, sino de lo que esperan que ocurra al otro lado de la línea electoral. Sota, caballo y rey, a los postres de estos cien días una propuesta tiene al Gobierno metido en un pozo. Deben andar ya buscando, en la intimidad, la pócima que los saque del hoyo de la triple paridad. Darán con ella. Descubrirán una fórmula mixta que los saque del jardín de espinas sin que se note que han reculado. Van a encontrarla porque arrodillar a un Gobierno ante la triple paridad es gestionar Canarias, sí, pero la de hace veinte años. Darán con la pócima porque el Ejecutivo se ha quedado demasiado solo, y la soledad asusta. Entre otros dolores, porque de lo contrario dejarían abonado que en las islas periféricas caigan en que el curbelismo es infinitamente más productivo que socialismo, nacionalismo y otros ismos. Es cosa de días o semanas, para conocer en qué acaba el patinazo de la triple paridad también habrá que esperar al balance de los doscientos días.