a contracorriente

Me aburre la política – Por Enrique Arias Vega

Quién me lo hubiera dicho hace unos años: lo cierto es que me aburre la política. No me refiero sólo a esos presuntos debates televisivos de contertulios absolutamente previsibles. Antes de abrir la boca, por su repetitividad, ya sabemos lo que van a decir sobre el tema en cuestión, trátese de las cifras del paro, los recortes sociales, la ley del aborto o el sursuncorda. Con lo cual, ni hay información, ni reflexión, ni diálogo, ni nada que se le parezca. Esas tertulias no están hechas para debatir, sino para rebatir, no para escuchar al oponente, sino para escucharse uno mismo, no para aprender del otro, sino para aplastarlo.

Todo eso, digo, en el caso de que se entienda lo que hablan, porque la moda actual consiste en solaparse unos a otros, en no respetar los turnos de palabras y hablar todos al mismo tiempo. Para imponerse en ese guirigay, el método no consiste en razonar mejor, sino en gritar más desaforadamente. Compréndase, entonces, que cambie de canal y acabe viendo cualquier serie de crímenes, que resultan mucho más relajantes.

Lo peor, con todo, no son esos aprendices de políticos en que se han convertido los tertulianos, sino los políticos mismos y quienes informan sobre ellos. La política ha dejado de ser una actividad real, de hechos concretos que cambien la vida de las personas -leyes, obras, contratos, acuerdos,… – para convertirse en una serie de declaraciones y refutaciones. Se nos informa no sobre realidades sino sobre palabrería: todos hablan, por ejemplo, de los refugiados sirios, pero nada sabemos sobre cómo viven aquí, qué se hace para integrarlos, cuál va a ser su futuro, como conseguirán trabajo…

Si la política consiste en esa carcasa superflua y vacía, permítanme que me aburra y que así se lo manifieste.