economía

Alfonso Martín: “Llevo 47 años en la familia Montesano”

Alfonso Martín. | SERGIO MÉNDEZ
Alfonso Martín. | SERGIO MÉNDEZ

Alfonso Martín hace 47 años entró por las puertas de la industria de Embutidos de Tenerife, Montesano Canarias, que nada tiene que ver con la gran industria cárnica con sede en nuestro Archipiélago de hoy en día, sino que era una industria que se encontraba naciendo en una pequeña calle del municipio de El Rosario, y de cuyo crecimiento este tinerfeño ha sido testigo. “Entré en el año 1968 con 14 años, en aquella época era normal empezar a trabajar tan joven. La empresa comenzó en 1965 en la calle el Calvario de El Rosario, en su casco antiguo. Eran unos cinco trabajadores. En aquellos momentos todo lo que se hacía era manual, no es como hoy donde el avance en tecnología y el número de empleados nada tiene que ver con lo que había hace 47 años”. Hoy Montesano es la empresa bandera del sector en Canarias y ocupa un prestigioso lugar en España, incluso con internacionalización. Alfonso ha visto modernizarse su empresa: “En esos años todo lo que era despiece y fabricación se hacía a mano. Repito, nada tenía que ver con los enormes avances en maquinaria que existen en nuestros días, y con los que cuenta Montesano”.

En el año 1979, Martín García, su fundador, continúa su proyecto y de esa forma da un nuevo paso, que es la creación de una sede más amplia, acorde a la idea de crecimiento que tenía para su empresa. “Don Martín siempre ha sido un hombre de ideas avanzadas, con un gran espíritu emprendedor que siempre le ha caracterizado. Así trasladó la industria de aquella pequeña sede en El Calvario a la que hoy es nuestra principal sede en la isla de Tenerife, en el Polígono Industrial La Cañada”.

Igualmente, en lo referente a la formación y preparación del personal, siempre Montesano ha sido una empresa modelo. “En aquellos años en los que nosotros empezamos, la mayoría del personal que acudía a trabajar a Montesano no tenia conocimientos del sector de la carne, sino de otros sectores, incluso venían buscando un puesto de trabajo la gente de la pinocha”, señala Alfonso Martín. “Era un lujo, algo impensable, trabajar en Montesano. Eran vecinos de La Esperanza y alrededores, especialmente, personas vinculadas sobretodo a la agricultura, a la ganadería y al monte, que veían como un privilegio entrar a trabajar en una industria como Montesano. Hoy somos más de 250 trabajadores solo en esta planta”.

Alfonso, de la misma forma, se refiere a la preocupación de Montesano en velar por que sus trabajadores no rompieran con el día a día de sus hogares. “Con el paso de los años las mejoras y logros obtenidos para el personal y su conciliación con la vida familiar también han sido modélicos. Don Martín García y esta empresa siempre han velado por el cuidado de la vida familiar de su personal, y se puede decir que han hecho de Montesano nuestra segunda familia”, asegura. “Para alguien como yo, que ve acercarse su fecha de jubilación, es difícil aceptar que vas a dejar parte de tu familia, porque desde aquel pequeño local en El Calvario hasta esta gran industria de hoy siempre ha presidido el trabajo la palabra familia, y en la directiva lo habitual es la cordialidad y preocuparse directamente por el trabajador”.

TECNOLOGÍA
El personal de Montesano, como los miles de consumidores de sus productos, han sido testigos de la evolución llevada a cabo con los años en el aspecto de la modernización y tecnificación de la empresa, no solo en su industria, sino también en su administración. Alfonso así lo relata: “He sido, obviamente, testigo de los avances tecnológicos de Montesano, y de la fundación de Montesano Extremadura, en Badajoz, y la inteligente estrategia en la apuesta por el cerdo ibérico, así como la integración de nuevos avances tecnológicos, llegando a ser la industria puntera hoy en tecnificación a nivel europeo que somos. Montesano hoy es un grupo empresarial que ha crecido exponencialmente y con la incorporación hace años ya de la segunda generación, Raúl, Jaime y Carmen, al frente del Grupo Montesano, la continuidad del proyecto está asegurada.

Alfonso también es un ejemplo en sí mismo de superación. “Empecé como aprendiz en la sección embutidora, y gracias a la apuesta en la empresa por el apoyo a la formación y a la ocupación de la noche para ampliar mis estudios, pasé a la sección administrativa en la que prontamente me jubilaré como jefe de Tesorería de Montesano Canarias”, afirma. “Cuando yo empecé en Administración hacíamos la facturación de madrugada de manera manual y muchas veces, si se iba la luz, nos iluminábamos con un quinqué para poder terminarla y que saliera el reparto”.

Este trabajador de Montesano, fiel testigo del origen del grupo empresarial, deja esta entrevista con una mirada hacia el mañana desde el ayer: “Me jubilaré dentro de tres años con 50 años de servicio, que más que servicio para una empresa han sido 50 años compartidos con una familia. He contado con la fortuna de ver crecer esta empresa, y poder ser testigo hoy también de esa salida al exterior que hemos llevado a cabo. Seguramente si miro hacia detrás y alguien me preguntase si cuando éramos aquella pequeña empresa cárnica situada en una calle de El Rosario íbamos a lograr llegar a estar en Asia o Ámerica, sí me lo hubiese creído, porque hay algo que ha caracterizado también siempre a Montesano y ha sido tener fe en los objetivos que queremos conseguir, ahí también se encuentra el alma mater que ha sido nuestro fundador don Martín García”.

“De El Rosario al mundo”
Montesano comenzó en una casa particular de la calle El Calvario, número 13, sita en La Esperanza. Una vivienda de tres plantas que esta industria cárnica “alquiló a don Jesús Prado Bacallado. En la parte baja estaba, en la entrada, el mostrador en el que se ponía el reparto de la mercancía para los camiones”. Alfonso recuerda así el emplazamiento original. “En esa misma planta estaba la picadora, el horno para hacer el jamón cocido y la cámara de mantenimiento. En la segunda planta teníamos la oficina, el cuarto de especies y laboratorio, el cuarto de empaquetado y embutidora, los hornos y la caldera. En la tercera se encontraba la zona de los jamones, que en aquel entonces solo eran de pata blanca. En 1979 comienzan las obras de la planta actual y en 1982 finalmente nos mudamos a la ubicación actual”. Alfonso es parte de la historia de Montesano.