superconfidencial

Los apuros del jeque

1. Cuando al jeque de Abu Dabi, en realidad, jequito, porque es el hijo del jeque, le entregaron el PIOT, dicen que sufrió un síncope. Y cuando el inversor pasó el documento del Cabildo que desordena el territorio a sus abogados, éstos sufrieron tal impresión que uno sigue internado en La Candelaria y el otro en el HUC, ambos graves. La peor parte se la llevó el traductor del español al árabe, que murió en los brazos del jeque, al grito de “¡Alá es grande!”. El jeque ya no volverá más a Tenerife, igual que Cataysa, la niña guanche, no vio más nunca Taganana. Cuentan que dijo el árabe, al subir al avión, visiblemente agotado: “Yo aquí no volver”, porque el jeque habla en infinitivo, como los indios en las películas americanas. Pidió el avión y se mandó a mudar. Ahora Bermúdez dice que uno del séquito -creo que el chófer- le aseguró que el jeque quiere invertir en carreteras. ¿De peaje, Bermúdez? No tienen ni una sola idea estos de CC y se inventan apócrifas paridas de un hombre que no va a volver porque ningún inversor con dos dedos de frente hace nada aquí con las leyes territoriales vigentes. Menos mal que Clavijo las va a cambiar. O al menos eso dice.

2. Aquí se crean infinidad de leyes porque hay que alimentar los organismos oficiales. Especialista en enmarañarlo todo era el inolvidable Adán Martín, paz descanse, al que no le entendía nadie lo que quería hacer. El PIOT se contradice con todas las normativas superiores e inferiores posibles, incluidas las europeas, de ahí las dos diarreas mentales de los letrados del jeque, que no están fuera de peligro ni mucho menos, y la muerte en sus brazos del traductor. Era demasiado. Fíjense qué sencillo: se baja la fiscalidad del cine y hasta las productoras americanas vienen a rodar a las islas. Si redactaran un PIOT con sentido, aquí se producirían inversiones muy interesantes. Con el actual, el empresario huye.

3. Que no me hablen de jeques ni de jequitos porque en cuanto preguntan lo que se puede hacer y lo que no, se van corriendo. Y es que no se puede hacer nada sin que la autoridad lo corte de raíz. Parece que quieren unas islas inamovibles. Bueno, pues si quieren eso, ustedes sabrán.