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El boludo (II)

1. “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques; todo lo demás son relaciones públicas”. Joder, cada vez que hablo, sube el pan. Ahora me ponen a parir en las redes (según me cuentan, porque yo no pesco) por hablar, en clave de humor, del boludo venezolano que va a El Corte Inglés con los dos niños y su voluminosa esposa (la de los chistes de Forges) y no deja transitar a nadie por los pasillos. No todos los venezolanos son boludos (yo, incluso, he tenido novias venezolanas), pero no me negarán que unos cuantos, sí. Y algunos españoles y ciertos eslovenios y un par de ingleses y conozco algunos yanquis (pocos) y un señor del Realejo que también es boludo. Y jueces boludos y curas y fiscales y periodistas boludos y una cocinera del Ritz de París es también boluda. Yo ya soy famoso, no me hacen falta más oropeles en las redes sociales, pero, coño, ¿aquí se ha perdido el sentido del humor o hay más boludos de los que yo realmente pensaba?

2. Peor es el huevón, que me toca delante en el coche cada vez que salgo de mi casa y me hace llegar tarde a mi destino porque ya dije que sale lento de los semáforos. ¿Saben cuál es la definición de la décima de segundo en Madrid?: el tiempo que transcurre desde que la luz se pone en verde al momento en que el taxista te toca la pita. El huevón es mucho peor que el boludo, que ya es decir. Esto de las definiciones es muy curioso. Dicen los yanquis que ellos tardan menos en construir una puerta que un español decidiendo quién pasa primero por ella. Y los americanos tampoco se explican por qué los españoles se empeñan en pagar siempre ellos la cuenta: se divide el importe y ya está.

3. A mí el boludo me enternece, sobre todo el boludo de El Corte Inglés, ese que camina despacito y congestiona los pasillos, con el andar de paquidermo y los niños que todo lo toquetean, más la doña que va detrás, cerrando la comitiva. Están ahí, cada fin de semana, para desesperación de los clientes ágiles y que van a lo suyo. Y encima se cabrean cuando uno lo cuenta con la evidencia de los hechos por bandera. Ay.

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