trac tici tac

Camino

Mirar atrás es inevitable. El recuerdo tiene hábitos impredecibles y en ocasiones toca a la puerta sin avisar, sin cita previa, empeñado en traer al presente caras, pensamientos, sensaciones y vacíos de lo que un día fue pero ya no es. Contenerlo es complicado, por no decir imposible; no basta con tenerlo a buen recaudo en el fondo de un cajón bajo llave. Quedó mucho en el camino, más de lo que quizás uno quisiera haber dejado atrás. Eso lo veo ahora, recorriendo la madurez cada vez con más serenidad, pero también con el desasosiego del tiempo pasado, de la pérdida, de lo que pudo ser y no fue. Alguien me explicó que así es la vida, aunque siempre he preferido pensar que las cosas pueden transcurrir de otra manera. Y en cada memoria una historia. Están las que cuentan cómo algunos abandonaron el barco por miles de razones, cada cual con las suyas, y los rumbos fueron en direcciones opuestas. Otras narran las peripecias sobre las embarcaciones que abandoné por mi cuenta, a veces sin salvavidas, huyendo de lastres sin sentido. La compilación de todas ellas daría para un libro que nunca escribiré. De lo que sí hablaré es de éxitos, fracasos, felicidad, arrepentimientos, pasiones, errores, amores o miedos, porque cada vivencia significó tomar decisiones desde lo que se es y se aprendió, con las ambigüedades de la constancia, de lo volátil, en definitiva, de todo aquello que conlleva los límites del ser humano. Nada fue fácil. Aún así me llené de razones para creer que, a pesar de las consecuencias, valía la pena apostar fuerte. Incomprensión, desprecio o soledad son algunos de los precios que se pagan. Si no sigues la manada no esperes un buen trato. El riesgo de soñar y ser implica recomponer, ajustar el rumbo, asumir los errores propios para volver a levantar la cabeza con orgullo. Vale la pena seguir siendo porque a lo mejor un día, en algún lugar over the rainbow, los sueños que he soñado, se vuelven realidad.

@cesarmg78