el charco hondo

C’s

Lo apunta Vargas Llosa en La civilización del espectáculo. Reina una cultura que propicia el menor esfuerzo intelectual. No preocuparse, no angustiarse; y, en última instancia, tampoco pensar. Más bien abandonarse, en actitud pasiva u observadora, a lo que Marshall McLuhan llamaba el baño de las imágenes. Vivimos, dice Vargas Llosa, en una entrega sumisa a emociones y sensaciones desatadas por un bombardeo inusitado de imágenes que captan la atención, embotando sensibilidades e intelectos. Así es. Ocurre en los días ordinarios, y pasa especialmente en el territorio de lo político-electoral. Así se explica que Ciudadanos esté metiéndose en la piel del electorado. Crece sin parar. Son el partido de moda; y en la civilización del espectáculo, en la sociedad de las percepciones, las modas pesan más que los discursos, calan más que las promesas, convencen más que las ideas, cautivan más que los eslóganes. Hay más. El calendario da vida y la quita.

A Podemos los ha desfondado (el exceso de exposición les ha provocado envejecimiento prematuro; Pablo Iglesias agoniza por saturación). A Ciudadanos les ha soplado a favor. A semanas de las generales, convertidos en el producto del momento, si no mueren de éxito por el camino tienen posibilidades de ser bisagra de muchas puertas. Son, a ojos de miles, una alternativa al más de lo mismo; y, en el baño de las imágenes, nadie les mejora la puesta en escena. Aquí, en Canarias, están abriendo hueco entre PP y PSOE. Será en diciembre cuando conozcamos si tuvieron o no reflejo en las urnas de las Islas, pero los sondeos que florecen en bodas y bautizos los bendice (son legión los que anuncian que se estrenarán con Ciudadanos). El discurso es ya secundario. La imagen devora los argumentos; la cultura, y también la política, palidecen por la retirada de la palabra de la que habló Steiner. Tienen discurso, sí. Propuestas, también. Crecen porque están ganando la guerra de las percepciones, porque son el partido de moda.