tribuna

Defender el comercio

El deseo de Bermúdez, ampliamente difundido en los medios de comunicación, de iniciar un proceso con la vista puesta en la liberalización de horarios comerciales (abrir domingos y festivos), a través de la ampliación de las zonas de afluencia turística, supondrá un golpe definitivo al pequeño comercio de Santa Cruz y la destrucción de empleo en el sector. La prueba más evidente de esta categórica y dramática afirmación la tenemos en aquellas comunidades autónomas donde la desregulación horaria viene tiempo aplicándose, frente a otras comunidades autónomas que se opusieron a abrir los domingos. Es cierto que en este sector, como en todos, la crisis, ha agravado la situación de miles de autónomos y trabajadores por cuenta ajena, pero decisiones como la liberalización horaria ha significado que en unas comunidades autónomas el impacto del desempleo se sienta más que en otras.

Según los datos del Índice del Comercio del Minorista (ICM) la tasa de ocupación en Cataluña, opuesta a la liberalización horaria, registró un descenso en la ocupación de un -1,4%, mientras que en la Madrid de Esperanza Aguirre, que siempre vendió la apertura de los domingos como el gran revulsivo para incrementar del consumo y el empleo, se ha convertido en una de las comunidades autónomas donde más empleo se destruyó en el sector (-2,6%). Los distintos informes que abordan este asunto reconocen que sólo las grandes superficies podrán asumir el aumento del horario comercial. De hecho las multinacionales radicadas en Santa Cruz son las únicas que exigen esta libertad horaria porque les permitirá obtener una posición de mayor dominio en el sector que tiene como propósito estrangular al comercio de proximidad. Raúl Ramos, profesor titular de Economía Aplicada de la Universitat de Barcelona, tras analizar 80 publicaciones de revistas académicas especializadas, afirma que la “menor regulación alteraría la estructura del sector a favor de las grandes superficies”.

Pero no nos engañemos, estos beneficios de las multinacionales del sector no se traducirán en incremento de empleo. Las distintas reformas laborales impuestas por el Gobierno central y el convenio colectivo de las grandes superficies les permiten realizar modificaciones en las condiciones de trabajo, precarizando aún más las condiciones laborales de los trabajadores, sin tener que contratar a más plantilla, manteniendo, en el mejor de los casos, el mismo nivel de empleo. Así ha ocurrido desde el año 2013, a pesar de las promesas de los representantes de las grandes superficies y de ello son buenos conocedores los trabajadores y trabajadoras de estos establecimientos comerciales. Pero además, como ya decía, la liberalización comercial está muy lejos de dinamizar el pequeño comercio, de hecho le da el golpe de gracia. Para ellos supondrá un obstáculo más que las administraciones le ponen en el camino y este escollo puede significar la pérdida de centenares de puesto de trabajo, principalmente autónomos, que ahora mantiene y crea el pequeño comercio en Santa Cruz.
Por último es importante destacar que esta apertura dominical no es demandada por los consumidores. Según el barómetro del CIS (año 2011), el 85% de los encuestados se sentía “poco o nada perjudicado” por el descanso del comercio en domingos y festivos. Entonces si el pequeño/mediano comercio está en contra de abrir los domingos, si los consumidores no lo reclaman, si daña el tejido productivo autóctono y el empleo, habría que preguntarse por qué Bermúdez apoya las exigencias de las multinacionales.

*CONCEJAL DE SI SE PUEDE EN EL AYUNTAMIENTO DE SANTA CRUZ