cuestión de grises

Destiempo – Indra Kishinchand

Tengo los años suficientes para darme cuenta de que siempre quiero a destiempo. Como si en estos asuntos existiera un reloj que avisara de las impuntualidades que cometemos. Aunque solo fuera por saber que fuimos lo sobradamente estúpidos como para fallar a una cita con nosotros mismos, quizás valdría la pena.

Pero para ser honestos nunca necesité esas malditas agujas. Me daba cuenta antes que nadie de la realidad, luego asentía y agradecía los consejos que, esta vez sí, llegaban demasiado tarde. A día de hoy disimulo mientras busco culpables; solo lo hago por entretenerme en el arte de las excusas. En el fondo sé que nada de lo que se diga podrá ser usado en mi contra de peor modo del que ya lo haya hecho yo, y es por eso que sonrío ante los (des)conocidos.

En aquel entonces decía “gracias por venir” mientras estaba pensando “gracias por marchar”, por dejarme sola con la impuntualidad de las casualidades, por demostrarme otra vez que el amor solo es un cúmulo de ciudades sin más plan que el de crecer junto a sus habitantes. Ahora simplemente callo y me doy cuenta de que nunca antes el silencio había pretendido ser, sin éxito, tan inocente.
Tengo los años suficientes para darme cuenta de que siempre quiero a destiempo, pero aún no he vivido lo bastante como para entender que el querer también es eso: páginas y relojes en blanco, inexistencia, el mundo al otro lado del mundo. Y es que la vida desde la pasión es saber que el tiempo lo marca la imperfección.