soliloquio

Disfruté escuchándote

Estoy algo asilvestrado, quizás más de lo que debería. Vivir a ratos; entre las afueras de La Laguna y frente al horizonte del océano, te amontara. Dudé, estaba cansado, faltaba poco, pensé que te tenía que escuchar, bajé.

¡Viri, qué suerte tuve de escucharte! Gloria ¡para que decirte! Pocas veces he escuchado hablar así, con tan nerviosa pasión, de esta maravillosa locura que es nuestra profesión. La arquitectura y la poesía no iban de la mano cuando estudiábamos, no nos las enseñaron abarloadas en la escuela, pero lo curioso no es eso, lo extraño de lo que con sabiduría contaste es como nos negaron a base de código; técnico y no técnico, la libertad para soñar, y aún peor la importancia de pensar.
Cuando no se piensa se hacen cachifórrios como el que está sobre la autopista a la entrada de Barranco Hondo, por poner un ejemplo. Tuve la suerte de no ir el viernes a escuchar a Massad, lo que he leído de su charla parece más una paja en el ojo que una viga. Con expertos así nunca se hubiera construido el Partenón, o la Mezquita de Córdoba, etcétera. Existen iconos precisos y rigurosos, y los hay confusos y penosos, si bien generalizar siempre me ha parecido una estupidez, y, comparar mal, aún peor.

Supongo que no era sencillo; ellos no se acordaban y nosotros no sabíamos, si bien, las ganas hacían que creciéramos. Aquella extraña pecera repleta de; puntos y líneas jugando con el paralex, ecuaciones y locos axiomas que se escondían en el Calculus del Apóstol, creaba un sinfín de locuras a zanjar, nos hizo fuertes. También generaba genios como tu, vocacionales, apasionados, buenos profesionales. El pequeño tablero con paralex lo conservas con sumo cuidado en el suelo junto a tu mesa, en ese despacho impoluto, con Tintín vigilándolo todo. Hay que quererte para disfrutar del orden que practicas. No olvidaré nunca al verte pasar a limpio los exámenes de matemáticas, mientras sudaba a tu lado intentando demostrar que cero era igual a cero.

Sabes que soy un extraño loco de esta locura que es la arquitectura, me emociona pero la sufro por la incapacidad que da la duda de lo correcto, y la otra duda que resulta de la inhabilidad para lo perfecto. Un mundo este poco entendido; a veces por la perplejidad y el desconsuelo de los finales usuarios, otras por nuestra incapacidad de estar a la altura de lo real y cerca de la humildad.

“Quizá haya enemigos de mis opiniones, pero yo mismo, si espero un rato, puedo ser también enemigo de las mías”. Me gusta tu “arquitectura profesional, familiar y pasional, junto a los tuyos”. Gracias.