superconfidencial

En busca del general Balmes

1. El título corresponde al del libro de Moisés Domínguez Núñez, que se ha interesado por la muerte del general Amado Balmes, en julio de 1936, en La Isleta, atribuida modernamente a una conspiración franquista y resulta que no. Entre otras cosas porque Balmes, que era monárquico y católico, se había unido ya, de facto, al alzamiento militar. Algunos autores sostienen, en contra de la versión oficial de entonces, que a Balmes lo mataron varios oficiales alzados y que la propaganda franquista se inventó que el militar se había disparado accidentalmente un tiro mientras limpiaba una pistola. Moisés Domínguez me ha escrito, para aportarme una sinopsis del libro, que todavía no he podido comprar: no ha llegado a las librerías. Y, efectivamente, según la autopsia, que sólo ahora se revela, cuatro médicos certifican la versión oficial de un disparo accidental incompatible con la vida. A Balmes no lo mataron; se mató él de forma involuntaria. Lo declaró, incluso, un testigo de excepción: su chófer.

2. El viaje de Franco a Las Palmas, con la excusa de asistir a las exequias del general fallecido, sirvió para que pudiera embarcar en el Dragon Rapide y así ponerse al frente del Ejército de África. Esta historia de la muerte de Balmes ha dado muchas vueltas, pero por lo que me cuenta Moisés Domínguez en su carta, los documentos aportados en su libro no dejan lugar a dudas. Este fue un episodio muy importante en los comienzos de la guerra civil, ya que produjo un cúmulo de casualidades que hizo más confidencial el viaje de Franco desde Tenerife a Gran Canaria y de ahí a Agadir, Casablanca y Tetuán. El otro día, por cierto, atribuí a Luis Bolín, corresponsal de ABC en Londres, la profesión de financiero; no, era periodista. Él fue quien contrató el avión, con dinero de don Juan March.

3. La historia se escribe en muchos años. Van saliendo nuevos datos de estos episodios, sobre los que trabajé en mi tesis doctoral, ya publicada, y en libros como Gesta y sacrificio del teniente González Campos, que se enriquece con una aportación de José Antonio Rial, que descubrió en Puerto Cabello al hombre que mató a Santiago Cuadrado. Ejercía de médico sin título en aquella población venezolana.