cuestión de grises

Extra.polar – Por Indra Kishinchand

No quiero que las buenas costumbres se conviertan en recuerdos.

Hace un tiempo dejé de preguntarme qué hora es al otro lado del mundo. Aquella costumbre, no sé si buena, pero indudablemente satisfactoria, me permitió entender que no nos soñábamos a la vez. Porque todos decían que tú estabas al otro lado, y yo mientras recordaba los periodos en que nos visitabas de manera constante. Alguna vez llegaste a quedarte.

En esos días, mientras andaba por unas calles sin nombre, pensaba en el reencuentro, en lo que diría si te encontrara de frente. Muchas de esas jornadas reproducía en mi cabeza: “Ojalá nos veamos hoy, porque no estoy preparado y supongo que entonces no podré ser otro más que yo mismo”. Sin pensarlo, la concepción de consciencia desaparecería.

Después de todo creo que hice bien. Ya no me importan los horarios, ni siquiera los tuyos, ahora solo quiero vivir en aeropuertos y olvidar por un momento que tú fuiste la esperanza de nuestro progreso. Si hubieras sido bueno, bello, justo… si por lo menos hubieras sido. Si al menos te hubieras dignado a demostrarnos a todos tu valentía, tu coraje al enfrentarte a quienes se encuentran a miles de kilómetros. Si hubieras sido tú, tu mayor error hubiese sido volver con el reloj en el corazón y el bolígrafo en el cerebro.