superconfidencial

Guten abend meine liebe fräulein

1. Tomás Galindo, nacido en el Puerto de la Cruz, miembro de una honrada familia de La Ranilla y gran jugador de fútbol, vivió, como yo -aunque yo un poco tardíamente-, la época de las suecas. Oleada de costumbres libertarias -más que liberales- que a todos nos puso un nudo en la garganta en los 60. Tomás jugaba de centro delantero en el Puerto Cruz, que presidía mi padre, pero un entrenador llamado Godoy lo colocó de defensa central y ahí se quedó. Galindo, de vez en vez, se acercaba al banquillo, cuando la cosa se ponía fea, y preguntaba: “¿Saco el hacha, don Godoy?”; a lo que el otro contestaba, indefectiblemente: “Espere, Tomás”. Bueno, pues Tomás Galindo hablaba, como la mayoría de esa Ranilla, un inglés playero y un alemán de arrabal. A él le dio más bien, en su época de soltería, por las alemanas. Pero el idioma tedesco no le entraba, sí algunas palabras. Para intimar, Tomás mezclaba, y muy mal mezclado, el teutón con el inglés y el español. Y a las extranjeras -fueran del país que fuesen- que encontraba botadas al sol en la playa de Martiánez, les decía: “Guten abend meine liebe fräulein, ¿posible (en español) dancing “from Tom”? (“from”, “desde” en inglés, en vez de la preposición with (“con”); y Tom, de Tomás). Y se quedaba tan pancho.

2. Esta frase se hizo famosa en el Puerto en mis años suequiles, que fueron, ya digo, tardíos; pero una vez tuve una novia dentista que estaba para comérsela y que se llamaba Katia. Ay. Y luego otras, ya de menor intensidad. Por más que yo quería explicar a la sueca la frase de Tomás Galindo, ella no entendía nada, pero se reía al verme reír a mí. El beach language era, al tiempo que la destrucción del idioma de Shakespeare, como lo es el cockney, o idioma del East End londinense, también algo muy divertido. Ya saben que muchas palabras que nutren nuestros diccionarios canarios proceden del cambullón.

3. No sé por qué me acordé hoy del bueno de Tomás, paz descanse, y de su particular forma de hacer patria, pero para mí resulta muy gozoso regresar al pasado de mi pueblo. Dice Juan Manuel García Ramos que es imposible que el Puerto dé para tantos recuerdos y que todo sea verdad. Pero sí, sí que da. Y casi todo es verdad.