sobre el volcán

Ibarrola le vendrá bien a Garafía

No sé si al final Garafía aceptará o no que Agustín Ibarrola realice su proyecto artístico en el municipio. El pueblo es soberano en ese sentido y el Ayuntamiento, como legítimo representante de los habitantes de la localidad, debe tener la última palabra, después de celebrar varias consultas a las que precisamente tampoco acudieron muchas personas, pese al revuelo que aparentemente se ha formado con esta iniciativa que tiene contemplada el Cabildo en sus presupuestos para este ejercicio. Creo que sería bueno que esa opinión municipal se exprese ya, porque la inversión turística que estaba prevista con esta obra será muy bienvenida en cualquier otra iniciativa en La Palma si los garafianos deciden finalmente que no quieren que el artista vasco “pinte” su paisaje, como hay quien dice con más mala leche, que tanto abunda, que conocimiento. Se ha llegado incluso a intentar ridiculizar la obra que ha proyectado el artista vasco, como no podía ser de otra manera en una sociedad donde el común de los mortales entiende de leyes, de cálculo de estructuras y de química inorgánica. ¿Cómo no vamos a ser expertos en arte, si sobre una servilleta de la cafetería diseñamos una playa, una carretera o un aeropuerto mejor que cualquier ingeniero, que lo único que busca es dar un pelotazo conchabado con cualquier político corrupto? Por si fuera poco, incluso se ha llegado a comparar esta iniciativa con el conocido caso Tindaya. Vamos. Como si detrás de este proyecto hubiera pérfidos empresarios dispuestos a forrarse a costa del paisaje y la naturaleza de Garafía. A mí sí me gusta el proyecto de Ibarrola, aunque la opinión que yo tenga sobre este asunto valga menos que un céntimo. Lo que sí tengo claro es que se ha hecho demasiada demagogia con los fondos que se van a destinar a su ejecución. El arte nunca se ha entendido como una inversión, sino como un gasto o un capricho. Hay también demasiados celos dentro de este sector, como en todos, en un tiempo, además, donde el pastel es más pequeño para repartir y hay menos rotondas que embellecer. Creo que la obra de Ibarrola, lejos de perjudicar al municipio le va a venir bien. Evidentemente que nadie, o casi nadie, salvo aquellos amantes incondicionales o estudiosos del artista, se desplazarán hasta La Palma para ver esta obra. Pero sí estoy convencido de que muchos que viajan a la Isla Bonita se darán un salto hasta Garafía para contemplar su trabajo y, de paso, conocer la belleza natural, paisajística y etnográfica que concentra esta localidad. Es más, creo que para muchos de los que vivimos en La Palma supondrá un aliciente más para desplazarnos hasta el extremo norte de la Isla. Solo por esta razón, a mi juicio, vale la pena contar con un Ibarrola en Garafía, que se podrá beneficiar económicamente de albergar la obra. Un municipio que, debido fundamentalmente a su lejanía, requiere de reclamos que permitan frenar el despoblamiento que ha ido experimentando. Es evidente que no será la solución, pero creo que le ayudará a prosperar.