ENTRE RISAS

Leopoldo Fernández: “Con tanta actividad, los años pasan muy deprisa”

Si a un periodista le asalta la duda es que va por el buen camino. Profesional con mucho oficio, Leopoldo Fernández encuentra razonable contar la realidad sin circunloquios ni rutas extrañas.

-Así que 125 años. ¿Cuál es el secreto de la longevidad?
“¿De un periódico? Yo creo que si vive muchos años es porque goza de buena salud. Y de la confianza de sus lectores”.

-¿Cuánto tiempo aquí?
“Pues, 31 años. Cuatro días en la vida [ríe]”.

-¿Se pasa rápido o qué?
“Sí. A veces, cuando hay tanta actividad, se pasa muy deprisa. Miro hacia atrás y me parece mentira que haya estado tanto tiempo al frente de un periódico y que lleve tantos años en el mundo de la comunicación”.

-Claro, porque había vida antes de DIARIO DE AVISOS…
“Antes hubo diez años de vida profesional en Madrid, en Europa Press; de ellos, cuatro como redactor jefe. La verdad es que tuve la fortuna profesional de vivir los estertores del franquismo y, aquí, la llegada de la democracia. Por lo tanto, he sido un privilegiado bajo el punto de vista histórico”.

-¿Cómo fueron los comienzos?
“El periódico salió el 6 de junio del 76, en su segunda etapa. El País había salido el 5 de junio del 76. Cito El País porque hubo empresarios comunes -entre ellos, Pedro Modesto Campos, que fue presidente de esta casa- que fueron accionistas fundacionales de ambos. El País no gozaba del beneplácito del franquismo y sus accionistas se plantearon editarlo en Canarias. Cuando hicieron números desistieron”.

-¿Editar hoy en día un periódico en papel es un papelón?
“Es un verdadero papelón. Entre otras muchas cosas, porque han subido los costos. Los salariales, por desgracia, no. Estamos atravesando como periodistas una mala etapa profesional, aunque lo estamos superando a base de entusiasmo y de unos productos cada vez de más calidad”.

-¿Parar las máquinas se convirtió en una costumbre?
“No, a lo largo de esos 31 años paramos las máquinas un par de veces por situaciones excepcionales o por una noticia de última hora. No era común en una empresita como esta”.

-¿De qué se arrepiente más un director, de publicar una noticia o de no darla?
“Algunas noticias las he publicado consciente de que iban a suscitar opiniones encontradas o reacciones opuestas y otras no por responsabilidad, por diferencias casi siempre personales, nunca ideológicas”.

-¿Recuerdas cuándo fue la primera y la última vez que saliste gritando del despacho?
“No me he caracterizado por gritar. He sido una persona de consenso, de moderación, de cohesionar a la gente. Procuraba echar las broncas en privado y si había que elogiar, mejor en público”.

-¿Qué era lo que te sacaba de quicio?
“Hombre, me sacaban de quicio las imperfecciones. Pero el periodismo es un oficio de ir contrarreloj y los fallos son comprensibles”.

-¿Las erratas son roedores de palabras?
“Sí, las erratas son la esencia del periodismo de aluvión o de rapidez. Hay un libro que escribió Evaristo Acevedo y que empieza con una antológica: se crea en Asturias una asociación de mineros y La Voz de Asturias tituló: ‘Nace la asociación de cabrones’. Los correctores trabajaban muy deprisa”.

-¿Cuál es la pifia más chiflada?
“La que más lamento, cuando dimos por muerta a una persona que gozaba de buena salud [risas]. Un señor de La Orotava, si no recuerdo mal. Un compañero recogió eso en forma de rumor, lo dieron por hecho y se publicó”.

-¿Qué es el periodismo?
“Los ojos de la sociedad civil colocados sobre la realidad de nuestro entorno”.

-¿Qué te queda por contar?
“Mucho. Estoy preparando algunas historias”.