Tribuna

Lola González

Hace unos años estuve en el Casino de Valverde, dando una conferencia sobra la pintora y poeta Lola González. La verdad es que no la conocía, me tuve que valer de un par de libros, y su vida me gustó. Fue una mujer avanzada de su tiempo, se formó literariamente y estudió pintura, que fue donde más sobresalió. El Ayuntamiento de Valverde la dedicó una de sus calles. Pensé que su figura no había sido olvidada en la isla.

El Cabildo Insular de El Hierro publicó un libro titulado Dolores González Rodríguez, una pintora herreña. Del que es autor José Ayala Zamora. Me sirvió de mucho para conocer la vida de esta artista. Lola nace en Valverde, emigró y triunfó con su arte en La Habana, París y Madrid. Es de esas mujeres que fueron dejando huella calladamente en el mundo cultural y forjadoras de grandes obras que cuelgan en museos y colecciones particulares de las ciudades en que vivió. El que fuera presidente del Cabildo de El Hierro, en el prólogo de esta biografía señala que: “Lola González, fue de esas herreñas que sólo el tiempo y la labor investigadora, de José Ayala Zamora, ha colocado en el lugar que le corresponde”.

Lola González nació un 2 de febrero de 1890, en Valverde, en la calle hoy Doctor Quintero, donde se encuentra actualmente la sala de arte del Cabildo Insular. Siguiendo el libro, tuvo Lola una infancia normal y sencilla, como las niñas de su época, jugando en la calle y en la plaza del pueblo. Fue la mayor de sus hermanos, Luciano, Salomé, Manuel, Jesús, Jorgina y Felipa. Destacó desde muy pequeña en el dibujo y la pintura. Se traslada con sus padres a Las Palmas, donde cursa estudios de Bellas Artes, siendo su primer maestro Federico Valido Guerra, que era profesor auxiliar de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Pero su vida fue un éxodo, ya que marcha con la familia a Cuba en 1915, y allí ingresa en la Academia de San Alejandro. Recibió premios y distinciones en todas las asignaturas.

El gran escritor Luis de Madariaga le pide un cuestionario para el Diccionario Biográfico de pintores Hispano Americanos, que realizó con otros artistas. En 1962, Lola González viene a España con su mochila llena de obras trabajadas en Cuba, y una historiadora del arte, Gloria Reig Ripoll, reconoció su labor artística en tres de sus óleos, un paisaje de El Confital de Las Palmas, un bodegón con uvas pintado en Horche (Guadalajara) y una figura femenina, La joven del sombrero. Realizó exposiciones individuales en 1927 en el Internacional House de Nueva York. Al año siguiente, en el Diario de la Marina de La Habana; un año después en el Casino Español de la misma ciudad. En 1931, en el Gabinete Instructivo de Las Palmas. En el Salón Dardo de Madrid, en 1933, donde también exponía otro artista canario que en aquella época vivia en la capital de España, Guillermo Sureda.

Lola González, después de una vida artística intensa, La Habana, París, Madrid, y de haber cosechado triunfos y distinciones no conocidos entre los canarios, fallece en Madrid un 25 de marzo de 1972, a la edad de 82 años. Uno de sus cuadros, titulado La Violetera, se conserva actualmente en el Casino de Valverde regalado por la pintora.

Comenta su biógrafo que murió soltera y sólo le obsesionaba su quehacer pictórico. Amena, de agradable conversación, afable y sencilla, de porte señorial, de constante amor a su tierra, a su isla, y la de ser herreña.

José Ayala dedica el libro a la poeta grancanaria Pino Valido Rodríguez, prima hermana de Lola González.