tribuna

Miedo – Por Carlos Ruiz

El miedo en política suele funcionar. O solía. En los últimos años nos hemos acostumbrado a que casi todas las fuerzas políticas hayan agitado el miedo para conseguir votos. Al grito de “que vienen los rojos”, o “que les quitan las pensiones”, o “que son una marca blanca del PP”, o “que vienen los de Venezuela”, o “cuidado con el corralito”, partidos políticos de todo pelaje siguen utilizando esta estrategia para ganar elecciones desacreditando al contrario, argumento parecido al que usaban y usan los padres cuando querían que sus hijos hicieran algo, digamos, llevados por el acongoje. A nadie se le olvida ese famoso “que viene el coco”, coco al que por supuesto nadie ha visto. No, no acuso a los padres de haber inventado tal procedimiento.

Si excavamos un poco más, es un argumento que inventó la Iglesia o si se quiere las religiones para conseguir que sus seguidores cumplieran sus mandamientos como almas que lleva el diablo. Por lo tanto, estamos ante una estrategia más vieja que Matusalem que posiblemente, al menos, en política ya no dé tan buenos réditos. Y claro, esta es una apreciación que podría ser puesta en duda pero si a la actualidad nos ceñimos, puede que no estemos tan equivocados. ‘Que vienen los rojos’ hay que decirlo es la menos actual, a decir verdad está ya en desuso, quizá porque ya nadie les espera, o ya nadie sabe quiénes son esos supuestos rojos, si es que acaso existen en 2015.

‘Que vienen los de Venezuela’ o el más simple de ‘Son unos Populistas’ no le funcionó demasiado al bipartidismo para torpedear el avance fenomenal de Podemos y de algunas confluencias municipales relacionadas con la formación morada que sirvieron para dar el poder en ciudades, por lo visto, nada miedosas como Madrid, Barcelona, Valencia, Cádiz…

“Que son una marca blanca del PP” no parece que haya desvanecido la opción de Ciudadanos en las últimas elecciones catalanas (parece que habrá más) tal y como se predicaba desde Podemos. Antes al contrario, estos ataques han servido para que la formación de Albert Rivera sea ahora el partido emergente con más y mejores posibilidades de “asaltar los cielos” de La Moncloa, solo si hacen las cosas bien o lo que es lo mismo, si no hacen las cosas como el PP. “Cuidado con el corralito” o el más mundano y sonrojante de “cuidado que el Barça no jugará la Liga”, no le sirvió al PP sino para enterrarse un poquito más en Catalunya mientras que los que iban Junts X el Sí y la CUP (otros a los que consiguieron alzar con esos gritos de radicales y okupas) ganaban los escaños suficientes para seguir con el raca-raca más legitimados todavía en pos de una independencia que ilusiona, aceptémoslo, a muchos catalanes. A otros muchos no, pero convengamos que a esos otros muchos esos argumentos del miedo, Arrimadas y Rivera incluidos, les suenan a otros tiempos que no tienen que ver con la España no democrática.

A la vista está que ya el miedo no cotiza precisamente al alza en la bolsa de las elecciones. Bien harían los partidos responsables (¿acaso no lo son todos?) en variar sus estrategias porque no es con el miedo, sino con la ilusión cómo se ganan elecciones, cómo se construyen mejores estados y cómo se hace feliz a la gente. La gente ya no tiene miedo o dicho de otra manera, la gente está más que harta de tener miedo.

Uno, cuando era un niño, no se ponía muy feliz cuando le atizaban con el coco. Habría que fijarse más en los niños que son, solo ellos, las banderas de un país.