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Radiografía del dolor

1. Si a mí me hicieran hoy una radiografía del dolor, verían que estoy invadido. Pero una columna periodística no tiene derecho a trasmitir dolores, sino afectos. Lo que ocurre es que hay momentos en que el transmisor es incapaz de generar afectos, sino rabia, impotencia y zozobra. Hay otra obligación, y es la de la propia columna, así que me encuentro atrapado entre cuatro paredes muy estrechas y yo no tengo fuerzas para trepar. El día que murió González-Ruano dijo, y dejó escrito, que la soledad era blanca. Yo no sé el color del dolor, pero les aseguro que el sabor es muy desagradable. Ni siquiera cuando falleció mi padre, que tenía 82 años, fui capaz de llorar y ahora veo que las lágrimas se me han terminado. Yo veo cómo una vida se me va poco a poco, una vida que era mucho más querida que la mía, y además no puedo hacer nada por evitarlo. Yo no quiero hacer una crónica de muerte, sino de vida, ahora que ella todavía respira. Y eso hago, aunque no tenga derecho a entristecerles.

2. Cuando mi amigo Víctor Álamo, médico, perdió a su mujer me dijo que la soledad era tan grande que asustaba; y, sobre todo, la sensación de vacío. Esa idea me atormentaba desde que mi mujer enfermó. Ahora yo lo estoy viviendo en carne propia. La vida es tan cruel que se las arregla para que la existencia del ser humano se convierta en un tormento. Por eso se recuerdan con tanto agrado los buenos momentos, que podemos contar con los dedos de las manos. Escribo desde lo irreversible, porque no quiero una necrología, acostumbrado como estoy a escribir tantas. Tampoco pretendo que, necesariamente, compartan mi dolor, que es mío y de mi familia. Sólo quiero desahogarme.

3. Lo siento, pero hoy no puedo cumplir una de las premisas clásicas de un artículo: entretenerles. Entre la vida y la muerte hay sólo un pequeño movimiento de tórax, una explosión pulmonar, un segundo reflejo. Estás y te vas. En un parpadeo has dejado de existir y emprendes otros caminos ignorados, que sólo descubres cuando te toca transitar por ellos. Yo quiero ir detrás, porque se me hace difícil vivir sin ella.