la entrevista

Ramón Trujillo: “Los canarios somos hispánicos, esa es nuestra nacionalidad”

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Foto LUCÍA LAVADO

En Lima, donde me encuentro con Ramón Trujillo Carreño, el investigador pionero del silbo gomero, radica la universidad más antigua de América, la de San Marcos, cuatro veces centenaria, donde este sabio sigue dando clase con 84 años, desafiando a la edad, y está a punto de cumplir medio siglo como filólogo en activo, uno de los más sobresalientes de nuestra lengua. Se sorprende de que lo haya encontrado, y en la entrevista no solo me impresiona su vitalidad, sino una confesión que me hace en la distancia: su temor a volver un día a La Gomera y no ser bien recibido. Aquí se cuenta por qué.

Cuando estudió y dio a conocer el lenguaje silbado de la isla -Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad en gran parte gracias a él-, sufrió la incomprensión de determinados silbadores, que desconfiaron de sus intenciones. Ese capítulo no quedó cerrado, como comprobé en la conversación.

Trujillo Carreño vive en Perú donde prolonga, tras jubilarse, su vida docente. Con esa noticia en el bolsillo viajé esta vez a América y, gracias a Ramón Trujillo hijo – el coordinador de Izquierda Unida Canaria- conseguí localizar al célebre paisano, el decano americanista lagunero. Su estancia en Perú desde hace tres años culmina una trayectoria de hispanoamericano militante, que le ha llevado por varios países del continente a lo largo de su vida. No solo guarda fuerzas para impartir semestres de semántica y gramática española como profesor visitante en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, sino que este enamorado de las lenguas me revela que está estudiando italiano para leer a Dante en su idioma. Cuando nos reunimos a almorzar venía de hacer, precisamente, un examen, como alumno.

-¿Cuando en los años 50 usted cruzó el charco fue para quedarse en América?

“Primero estuve en Venezuela y luego volví con la familia a Colombia. Me mudaba en toda regla. Allí conocían mis publicaciones. A mí América me atraía. Yo daba Lengua española en la Universidad de La Laguna y me llamaron en 1971 como profesor invitado del Instituto Caro Cuervo, de Bogotá, que era un gran centro. Pero a los dos meses, me avisaron de la convocatoria de oposiciones para la cátedra en La Laguna, y regresé sobre la marcha. Fue una pena tener que irse. Competíamos tres y la saqué. Pero yo no me olvidé de América. No he dejado de visitarla y vivirla hasta hoy. En realidad, yo soy hispanoamericano, la casa de la lengua común. Conozco mucho Cuba, México, además de Colombia y Perú. Pero todo empezó, como digo, en Venezuela en el 58, cuando mi padre murió y emigré con lo puesto”.

-¿Venezuela fue un flechazo?

“Sí, mi cuna americana. Yo entonces era un licenciado en Derecho al que no le gustaba ejercer su carrera. Cogí un barco, que tardó diez días en llegar a La Guaira.Me subí a una guagua y me fui a Caracas, a la pensión de Don Pepe, canario. Un día, se me ocurre pasar por el Ministerio de Educación y tuve suerte, salía un director general al que le oigo decir, “en Anzoátegui han convocado una plaza de profesor de instituto”. Cojo un avión y me planto en Anzoátegui. Venezuela era un país rico. El bolívar era de plata. Y me dieron la plaza, en el Liceo Briceño Méndez. Estuve cinco años y me maté a trabajar”.

-Como los emigrantes que conocí en los 70. Habían trabajado como mulas.

“Yo era de esos. Daba clase de 7 de la mañana a las 11 de la noche. Pagaban muy bien: 13 bolívares la hora. Le cogí gusto, quería ahorrar. Enseñaba lo que fuera, Gramática, Literatura, Historia del Arte… Había leído mucho en la biblioteca de mi padre y no me costaba trabajo. No había dado clase en mi vida. Allí fue donde me hice profesor. Los años que pasé en Venezuela (del 58 al 63) fueron decisivos.Tenía veintitantos años. Venezuela era una maravilla, gobernaba Rómulo Betancourt. Estaba llena de canarios. En Venezuela me acostumbré a América”.

-¿América qué es?

“América es el porvenir de España, el porvenir del idioma. Y el idioma es la patria”.
-500 millones de compatriotas de dos millones de canarios. ¿Cómo se habla el español en América?
“Diría que se habla andaluz, sin zetas ni jotas. Igual que nosotros. Es lo que avanzó”.

-¿La ausencia de la zeta es un complejo inconfesable del canario?

“Eso, en algunos canarios. Con zeta se habla en Castilla. Pero no en Andalucía, la mayor comunidad en territorio. Casi todo lo relevante ha salido de allí. Cervantes era castellano, pero vivió siempre que pudo en Andalucía”.

-¿Ha seguido la rebusca de sus huesos?

“Claro. Boberías”.

-¿Por qué nos rasgamos las vestiduras a finales del siglo XX, sobre la Academia Canaria de la Lengua, que usted fundó y presidió?

“Esas mezquindades locales. La realidad luego es que las academias no pueden hacer gran cosa, ni siguiera la Española, de la que soy miembro correspondiente”.

-Usted dignificó el silbo gomero, le puso el frac.

“Y, sin embargo, La Gomera se enfadó conmigo porque decían que se los iba a quitar, que me quería aprovechar. Los silbadores estaban celosos. Tenían una pequeña renta con los turistas, y tuvieron recelos. Yo los llamaba y les grababa para hacer la investigación. Viajé mucho a la Isla, hice muchas grabaciones, me lo tomé muy en serio, me interesaba mucho el silbo. Pero me costó ese disgusto, porque en lugar de estar contentos con que me ocupara del tema, pensaron mal y me dolió. Ha pasado mucho tiempo, y he de confesar cierto reparo de volver allí, por si me reciben mal”.

-Mi impresión es que ahora le están agradecidos.

“Hice un libro que tuvo buena acogida y, de inmediato, me propusieron una edición bilingüe en español e inglés”.

-Usted puso los pilares en 1978, con esa obra, El silbo gomero. Análisis lingüístico, para el título de la Unesco en 2009.

“Ya lo sé. Pero me lo pienso dos veces. El silbo es un caso único en el mundo, sólo hay algunas cosas parecidas. Es español silbado. Yo comprobé que el silbador reduce las vocales a dos, no necesita cinco: arriba i, e, y abajo a, o, u. Perfecto.En la conversación cotidiana, en un habla descuidada, basta con dos vocales. Cuando vi que entendían todo lo que transmitían, me entusiasmó. Yo los ponía a distinguir un mensaje de otro.Y resultó fácil hacer la comprobación, pero había que hacerla. No se había publicado nada, solo algunos disparates, pendejadas de gente que iba por allí, veía aquello, se asombraba y pensaba que era una cosa mágica. Y yo demostré que era una cosa lingüística. Mi libro describe que se silban dos vocales y cuatro consonantes,con eso se apañan”.

-¿Por qué en La Gomera se silba hasta hoy?

“Los misterios de la prehistoria y las razones de la orografía. En una isla montañosa, silban para avisarse de cosas. Demostré que un silbo llega de un extremo a otro de La Gomera en un instante”.

-¿Guarda las grabaciones que hizo?

“Ese material ya no lo tengo, no sé a dónde habrá ido a parar. Los espectrogramas están en el libro. Tuve que comprar en el extranjero ese aparato enorme, el espectrógrafo, para analizar las grabaciones”.

-¿Al ser Patrimonio de la Humanidad que sintió?

“Una gran alegría. Para mí es como un hijo que sacas adelante. Nadie hacía caso al silbo. La gente pensaba que era una estupidez, ‘cosa de los gomeros’, un defecto. Y era todo lo contrario. Quise crear en La Gomera una institución de lenguajes sustitutivos. Pero me cansé. Tuve la sensación de que tenía a los gomeros en contra, cuando mi intención era ayudarles a potenciar su silbo, darle importancia. Pero esas cosas pasan en la vida. Es una isla muy bonita que quiero mucho. En mi trayectoria, yo considero esa una investigación muy importante, porque no se había hecho nunca ni se iba a hacer.Yo les decía, ustedes poseen un tesoro, no saben lo que tienen”.

-¿Cuando regresó de Venezuela qué hizo?

“Tenía mucha plata. Lo primero que hice fue fundar la Escuela Montessori con Antonio Castro (el Mae). Él tenía la casa y yo la idea. Empezamos despacio con 2, 3 alumnos. Costó. Y enseguida me matriculé en la Universidad de La Laguna, hice Filosofía y Letras y encarrilé mi vida definitivamente por ahí”.

-¿Qué ha significado para usted la Universidad de La Laguna, a las puertas de cumplir 50 años de filólogo?

“Le tengo mucho cariño. Me han conservado el despacho. La Universidad no se ha abierto más hacia afuera por un problema de perspectiva. Los isleños tenemos el defecto de tender a pensar que solo existen las islas. Nosotros somos hispánicos, hablamos la misma lengua que España y América Latina. Eso es lo que somos, hispánicos, esa es nuestra nacionalidad. Otra cosa es que la del pasaporte no sea la misma. En América hay el mismo espíritu que en Canarias, con ligeros matices. Lo que une es el idioma. Y el idioma crea la nacionalidad. Es la patria del hombre. Los que tienen el mismo idioma piensan igual. Canarias tiene que abrirse. En Canarias hay mucha gente que se cierra. Y si te cierras estás muerto. Para hacer Canarias de verdad hay que ser ejemplar, no copiar”.

-Tiro de ese hilo. ¿Cómo definiría a Canarias?

“Una comunidad hispánica muy singular con islas diversas. Está lejos, y a veces tiene sus tendencias independentistas, también las ha tenido Andalucía, no importa, quiere decir que siente su personalidad”.

-¿Cómo llegó a enamorarse de la lengua?

“Por la lectura. En casa había muchos libros y estaba al final del Camino Largo. Para ir a La Laguna había que caminar un kilómetro, no había coches. Me metía a leer y no salía. La primera novela que leí era de Dickens, David Copperfielfd. La biblioteca de mi padre era de las mejores de Canarias, se ha visto reducida. Empecé a ir al colegio a los diez años, al Colegio Alemán. Después de la II Guerra Mundial, lo cerraron, los deportaron con la derrota nazi, y me pasé a un instituto. Me acuerdo de aquella gente del colegio, los Müller, había uno que era Müller el gordo. Müller es como Pérez en español”.

-¿Lee a Goethe en alemán?

“Claro, he leído todo Goethe en alemán. Hasta tal punto me apasionó. Ahora, la gran aportación alemana a la humanidad es la música, y también me interesa mucho”.

-¿A Shakespeare lo lee en inglés?

“No lo hablo tan bien, pero a Shakespeare lo conozco tanto que lo leo razonablemente en su idioma”.

-¡Qué suerte poder leer El Quijote en nuestra propia lengua!

“Lo estoy leyendo otra vez. Siempre lo leo. Es un libro increíble. Los grandes libros no tienen límite. Como la palabra.Tengo una edición de Francisco Rico. Pero no entiende a Cervantes. El Quijote lo entiende cualquiera que no tenga prejuicios. Él quiere echar abajo la opinión de Unamuno. Se pregunta quién es Unamuno para atreverse a hablar del Quijote. Cualquier persona tiene derecho. Yo he escrito muchas cosas sobre El Quijote”.

-380 años de soledad, lo conozco; un título muy garciamarquiano.

“Es que es eso, estamos en esa soledad. El Quijote no es un libro suficientemente conocido. Se conoce mal por culpa de los maestros que creen que es un coñazo. A ellos sus propios maestros les han dicho que es un coñazo pero que no lo digan, y siguen la corriente. Igual en América. El Quijote es muy conocido de nombre y de que trata de un loco, un aventurero, sin más. El impacto del Quijote se dio fuera. Dostoievski lo menciona constantemente. Y lo imita. El idiota es El Quijote al revés. Esa también es una gran novela. Y Crimen y castigo, que sé cómo se dice en ruso: Plestupléniye i nakazániye”.

-Carlos Fuentes releía El Quijote todos los veranos.

“Yo hago lo mismo a cada rato”.

-Es emotivo conocer en Valladolid la casa de Cervantes, el bufete de ébano donde terminó el Quijote.

“Él tenía una familia complicada, y en ese ambiente fue capaz de hacer esa maravilla. Escribió otras cosas, pero el Quijote le salió redondo.Es un misterio. Esa novela tiene mucha miga. Seguramente, él no se dio cuenta de que el Quijote era lo que era”.

-¿Galdós, héroe epónimo, encumbra las letras canarias?

“Es el escritor más grande que ha dado Canarias. No hay ningún otro de su nivel”.

-¿Fue una injusticia que no recibiera el Nobel?

“El Nobel no quiere decir nada. Es un premio”.

-Usted, incomprensiblemente, no tiene el Premio Canarias.

“No me importa no haberlo recibido. No aspiro”.

-Ha sido jurado del premio Pérez Armas. ¿Recuerda cómo nació la generación de los 70?

“Me ha quedado lejos esa foto en el tiempo, pero sí tengo claro que había gente muy interesante en esa generación. Muchos han permanecido. A Juan Cruz lo veo aquí por televisión, en los programas del canal español”.

-Don Ramón, ¿se puede traducir la poesía, la materialidad sonora de la escritura?

“La poesía no se puede traducir. Hay que leerla en la lengua en que está escrita. La palabra es intraducible, no tiene equivalentes, solo parecidos. Yo estoy ahora mismo aprendiendo italiano para leer bien a Dante Alighieri. La poesía es la palabra por la palabra. El Evangelio según San Juan dice que en el principio fue la palabra. Goethe puso a Fausto a reflexionar y llega a esa misma conclusión. Las cosas empezaron a ser cuando hubo palabras”.

-Ya que estamos en Perú, Vallejo vaya que es difícil, pero cuánto nos seducen sus palabras.

“Al principio, parece un disparate, no entiendes nada. Pero es muy bueno, muy original. He escrito sobre él, es uno de mis favoritos. Un poeta que se fabricó a sí mismo, del norte de Perú, de Santiago de Chuco, que estuvo en Madrid, en Moscú y se hizo comunista”.

-Juan Rulfo. Pedro Páramo. Hay palabras que no son de este mundo.

“He trabajado mucho sobre Rulfo y Pedro Páramo. Un buen ejemplo del laberinto de las palabras”.

-Aquí está usted más cerca de Andrés Bello.

“¡El gran gramático americano! Es un venezolano -y también nacionalizado chileno- de una gran magnitud. Yo lo he admirado mucho, sí. Hice una edición crítica de su Gramática para el Instituto Universitario de Lingüística que lleva su nombre y que dirigí hasta mi jubilación. Bello es el gran lingüista de América. Un gran hombre del siglo XIX. América no tenía a nadie de su estatura”.

-¿Debemos decir español o castellano?

“Español y castellano. Aquí, en América, dicen castellano para no decir español. La reacción de la colonia”.

-¿El español corre peligro en Internet?

“Los idiomas resisten todo y el español se mantiene uniforme. Al principio, yo estaba en contra de Internet por su facilismo. Los libros son insustituibles”.

-¿El habla canaria qué es?

“Una variante dialectal del español. Es una prolongación del andaluz, que es el español universal. Tampoco hay que exaltar nuestra manera de hablar como si fuera un idioma distinto. Como no lo es el peruano. Sería un disparate. Aquí, en Perú, yo tengo una gramática quechua, sé cómo es. Pero el quechua no es el idioma de Perú, es el castellano, o quedarían aislados”.

-¿El español, el inglés, cuál va ganando?

“Los dos son poderosos y tienen mucha literatura. Y el portugués, en tercer lugar. El español y el inglés son dos lenguas divinas que mueven el mundo. Y la nuestra, junto al italiano, es la más hermosa”.

-¿Es malo que haya más lenguas?

“Es bueno. El italiano es una maravilla y por eso lo estoy estudiando. El francés también lo es. Yo leo a Rousseau y a Voltaire en francés, si no, no los conocería bien”.

-¿Debemos aprender chino?

“Sí, pero a mi edad mejor traducirlo”.

-¿Se puede reconstruir el guanche?

“No hay sino palabras sueltas, por desgracia”.

-Serra Ráfols decía que si Anchieta se hubiera quedado, el guanche sería una lengua viva.

“Hubiera sido interesante. Es una lástima”.

-¿En América usted se acuerda de Canarias?

“Claro que me acuerdo. Somos hispanoamericanos. En España hay una idea equivocada de América, una idea negativa, porque no conocen esto. Nuestro mundo no es España, nuestra patria es el idioma”.

-¿Y cómo ve lo de Cataluña?

“Cataluña independiente no va a ninguna parte. Sería una locura. El catalán, como idioma, no ha logrado tener una literatura potente”.

-Hábleme usted de la América política.

“Me da pena América políticamente. Que caiga en malas manos. Venezuela había sido siempre un gran país. Cuando yo estaba allí, al lado de
casa sacaban petróleo del patio. Vivíamos sobre un mar de petróleo. En México estuve un año dictando cursos en la Universidad Nacional Autónoma, la UNAM. Y ahora, en unos días, vuelvo a Cuba, en noviembre, al Instituto de Lingüística y Literatura, que cumple 50 años”.

-¿Le alegra el deshielo Cuba-Estados Unidos?

“Por fin. Ya era hora. Cuba es simpática. Ahí estuvo Lorca. Hice muchos viajes a Cuba porque está muy cerca de Venezuela. Eran los tiempos de Fidel”.

-Otro longevo, de 89 años.

“Fidel es eterno”.

-¿Cuál es el secreto de las palabras?

“Las palabras son un misterio. La semana próxima doy un curso sobre la definición de las palabras. El diccionario lo que recoge son usos; el significado es imposible porque es infinito. La palabra es como un color que se expande, y se metaforiza. El verbo dar tiene, entre otras muchas, 55 acepciones distintas. Dar, entregar, donar… Dar un libro no es lo mismo que dar un libro”.

-Antes insinuó que los sinónimos no existen.

“No hay dos palabras iguales”.

-Y pese a todo, los extranjeros aprenden español.

“Lo bueno de los idiomas es que no se necesita conocer la gramática. Un analfabeto aprende un idioma. Es algo natural. Los niños aprenden sin esfuerzo. Otra cosa es ser capaz de crear con la lengua”.

-¿Usted lo ha logrado?

“Mi poesía y mi prosa es para mí, esas cosas no se deben publicar salvo que sean buenas”.

-La perenne juventud a los 84. ¿Qué tal alimentan las palabras?
“Me siento con fuerzas de seguir haciendo cosas”.

-Carlos Castilla del Pino me dijo que la clave de vivir mucho es la curiosidad.

“Al que se le acaba la curiosidad, está acabado. Se termina y se apagó. Yo conservo aún el interés”.

-¿Cómo le trata Perú?

“Perú es hogareño, doy clases, paseo, me gusta. Y creo que me quieren”.

Dios está estudiando idiomas

“Don Ramón, usted qué edad tiene?, le pregunto mientras almorzamos en Don Fernando, el restaurante de la Avenida General Garzón, de Lima, donde me cita. Y me mira con aspecto de Bertrand Russell, al que se parece con el paso del tiempo, sin la pipa, pero con el pelo canoso poblado como el filósofo inglés que visitó el Puerto de la Cruz en los años treinta. “15. ¿Por qué?”, bromea y responde de mala gana: “84”. A esa edad, con las luces de gálibo en perfecto estado, sigue dando clase en Perú, cosa que no es posible en España, donde se aplica la autofagia del claustro por ley selectiva. Y continúa estudiando, como cuando hizo Filosofía y Letras en dos años. Es un alumno aplicado de italiano, que aprende el idioma de Dante Alighieri para poder leerlo al natural. “Dante es Dante”. Y la Divina comedia, a su juicio, es la madre de la literatura moderna. En la sobremesa, Luisa Portilla Durand, también lingüista y profesora principal de la Universidad Nacional Mayor San Marcos,menciona la buena forma física de Ramón Trujillo. El mens sana in corpore sano del clásico latino. “El profesor”, como ella lo llama, “camina todos los días tres kilómetros”.

Trujillo, a su edad, mantiene el tipo, no dibuja curva de sedentario y parece ágil. Es un caso peculiar de atleta de la lengua y la enseñanza, que sigue una carrera docente por las serventías de América, de universidad en universidad, persiguiendo la ocarina del idioma que se habla en todo el continente. Ciudadano del mundo hispánico, Ramón Trujillo es un canario que no empuña en estas tierras las armas del siglo XV, sino las del siglo XXI de la comunicación para ‘evangelizar’ con las escrituras delidioma. Cabe decir que es un perfecto embajador de habla hispana en estas vísperas del 12 de octubre. Pero, como señalo con perplejidad en la entrevista, ni siquiera sus paisanos le hemos dado el Premio Canarias, y es el padre de la investigación del silbo gomero, entre numerosos trabajos. “Cuando vuelva a Canarias, vamos a ir a La Gomera tú y yo, para que lo cuentes, a ver cómo me reciben”. Aún siente ese pudor después de un malentendido de los años setenta. A raíz de los estudios de Trujillo y sus discípulos, el Parlamento canario acordó en 1997 conservar el silbo gomero, y el Gobierno autónomo lo incluyó en el sistema educativo de la Isla, que por esta razón ha de sentirse agradecida. “No sé, no sé”, titubea ‘el profesor’, doctor honoris causa por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que no ha vuelto, reticente, a La Gomera desde entonces por esa aprensión, pero, a la vez, añorante, vive tentadopor un reencuentro que anhela. “Verá que no me equivoco”, reitero, “le recibirán con los brazos abiertos”. Lima no se parece a Canarias, salvo ciertos balcones coloniales de madera labradavolados sobre sus calles, de antepecho y celosías, que nos emparentan, pero Perú sí tiene rincones casi familiares, como he vuelto a comprobar en este viaje. Por eso Trujillo se siente en casa y querido. Él pidió lomo saltado y yo arroz con pollo y papa a la huancaína. Nos ofrecieron un trago de algarrobina y la velada resultó agradable, en el invierno limeño de cielo cubierto, que esta vez no garuaba. “¿Entonces, camina tres kilómetros diarios?” El profesor tiene su teoría: “Cuando caminas piensas, forzosamente”. Y le envidio la figura, el vientre plano, el peso juvenil. El padre, Ramón Trujillo Torres (catedrático promotor de Química de La Laguna), murió joven, a los 53, de infarto. “Y sus hermanos también: Edmundo, el abogado, a los treinta y pico, y Juan Manuel, el poeta, a los cuarenta y pocos. Yo creo que salí a mi madre, que murió a los 94 y tuvo un hermano que duró 102 años. Los Carreño son longevos”. Y, sin embargo, Ramón Trujillo Carreño tuvo su infarto para la colección familiar, “hace mucho tiempo, fue algo leve, el ángel de la guarda estaba conmigo, y eso que no rezo”. “Será un ángel de la guarda republicano, como usted”. “Ah, claro, desde luego”. Es domingo y viene de examinarse de italiano. Hablamos del bilingüismo español-inglés, y de Dios, porque Trujillo las llamó “lenguas divinas”. Tomándolo por la palabra le pregunto, “Don Ramón, ¿y Dios que habla: español o inglés?” Levantó la vista del plato con media sonrisa: “Creo que Dios está estudiando idiomas como yo”.