soliloquio

Silencio, tiempo, discreción

El domingo pasado escuché en un programa de radio una suerte de verdades con nombres y apellidos que bajaron aún más la imagen que tengo de este país. Escribieron negro sobre blanco como parte del poder político condiciona lo que se publica en los medios de comunicación ¡Ay, libertad!

Cambian titulares, vetan firmas, llenan páginas con entrevistas que escribe quien debería responder a las preguntas y, en las ruedas de prensa, se sabe de antemano qué va a formar parte y qué no del interrogatorio. Podría ser un cuento, de terror, pero fue el día a día del periodismo en Cataluña desde los años 80. Gobernaba un tal Pujol del que conocimos un perfil desconocido, gracias a lo que contaron los periodistas: José Martí Gómez, Jordi Pérez Colomé, Siscu Baiges, Andreu Farrás y Gervasio Sánchez. A sus palabras se sumó un testimonio de excepción, el del ex fiscal José María Mena. Por si lo quiere oír: http://cadenaser.com/programa/2015/10/02/a_vivir_que_son_dos_dias/1443790915_414646.html. Fue Carles Francino en A vivir que son dos días. Mi más sincera enhorabuena a los que no se inclinan, ni inclinaron la cabeza. Se necesitan periodistas; ni juntaletras a sueldo ni tertulianos alquilados ¡Duro, pero cierto!

El silencio tiene su energía y su magia, no es fácil. Muchas personas le tienen miedo, algo similar a lo que sucede con el horror vacui, el silencio nos enfrenta al pensamiento, y, en ocasiones a la indeseada soledad. Como decía mi padre en curiosas metidas de pata, ocasiones en las que se rompía el silencio con un ruido insoportable ¡Qué oportunidad has tenido para callarte! Mi silencio es un mutis siempre sorprendido por los sucesos que se cuelgan de las liñas de las palabras, rompiéndolo. Las pinzas de las que prenden están cansadas de tanta desvergüenza y de tanto mangante cercano a la política y a todo lo que esta ha escondido durante años.

Los centros gravitatorios son inexplicables, extraños. Cada español tiene en el cerebro su centro de gravedad, practica la novación de voluntades cada mañana en el bar tomando café con el vecino de la barra, el de todos los días sin los cafés de los familiares sábados y domingos, en los que campa el fútbol.

Como dijo Borges: “Somos nuestra memoria, somos ese quimérico museo de formas inconstantes, ese montón de espejos rotos”. Aunque duela, es lo que somos, una discreta línea escrita en el mar, una vida.