sobre el volcán

La suma de errores en el Contemporáneo

El Museo de Arte Contemporáneo ha sido la suma de un error tras otro. Para empezar porque, a mi juicio, nunca debió existir y así nunca habría despertado las expectativas que ahora han visto frustradas los artistas. Creo que un museo de estas características, en una ciudad como Santa Cruz de La Palma, no tiene el encanto de la singularidad que puede atraer a visitarlo. Es como tener una pequeño CAAM o TEA, que ya están en Gran Canaria o Tenerife. Hay ciudades pequeñas que se la han jugado con museos de un estilo muy definido, como el caso del Museo de Arte Abstracto de Cuenca, una auténtica joya que singulariza a esta urbe castellana. Pero este no es el caso. Era la época de la fiebre museística y teníamos que contar con museos en todas las esquinas y de toda naturaleza. ¿Por qué no se pensó en ese momento dedicarlo, por ejemplo, al grabado, con la producción del prestigioso premio Carmen Arozena y de la propia autora palmera, que ahora se está planteando? A este error de visión se le sumó el lento proceso de creación del museo, que tardó más tiempo en contar con aire acondicionado que en la propia rehabilitación del inmueble, que se llegó a inaugurar sin tener un solo cuadro colgado en sus paredes. Luego llegó su reinauguración, con toda la pompa, hace un año aproximadamente. Evidentemente, más allá de los grupos organizados, pocas visitas tuvo como se podía prever. Y ahora ha llegado el penúltimo capítulo de su azarosa historia. Desmantelan la mitad del Museo de Arte Contemporáneo para crear el Centro de Interpretación de la Bajada de la Virgen. Como si un museo fuera un árbol de Navidad, que montas y desmontas en las fiestas. A la Concejalía de Cultura le ha cogido la operación sin tiempo a reaccionar. Lo que demuestra que en el anterior Gobierno municipal la mano izquierda no se enteraba de lo que hacía la derecha y viceversa. Otra idea cuestionable es la privatización de la gestión de estas instalaciones. Evidentemente, como Museo de Arte Contemporáneo era muy difícil que fuera rentable, tampoco para una empresa privada, pero como Museo de la Bajada, que creo que es el fin que debería haber tenido este inmueble desde el comienzo, sí que lo sería. Sospecho que muchas veces desde el propio Gobierno de las administraciones existe desconfianza sobre la capacidad de gestión de las entidades públicas. Y lo más fácil es caminar hacia ese eufemismo llamado externalización, que no digo que en algunos casos no sea lo mejor, pero no siempre ni la primera opción. Estoy convencido de que el Museo de la Bajada de la Virgen conseguiría esa obsesión que le ha entrado a la Administración por rentabilizar la cultura. Ahora queda la pregunta de qué se puede hacer con la obra que todavía se conserva en el Museo de Arte Contemporáneo, si es que los autores no deciden antes llevársela. La solución tendrá que consensuarla el área de Cultura con los propios artistas, pero creo que el mejor camino sería concentrar el arte pictórico en el antiguo Convento de San Francisco. Es una sugerencia.