El dardo

El tiempo

Llevamos una semana de aúpa. Está por ver si la borrasca que aún nos afecta responde al cambio climático tan negado por algunos pero tan evidente para el mundo científico, o es consecuencia de un fenómeno meteorológico coyuntural. Sea como fuere, el caso es que se ha vuelto a demostrar que Canarias no está, en general, preparada para hacer frente con garantía a los cambios extremos del tiempo. No se trata de culpar a los meteorólogos de eventuales desaciertos en los pronósticos, ni de arrojar sobre las autoridades de Protección Civil -locales, insulares, provinciales o autonómicas- y los servicios de ayuda en emergencias las responsabilidades de una demora en la adopción y comunicación a la ciudadanía de las medidas pertinentes para afrontar los fenómenos adversos de la naturaleza. En el primer caso cabe decir que la singular orografía canaria da lugar a microclimas e impredecibles evoluciones meteorológicas que cambian en cuestión de minutos, lo que dificulta cualquier predicción atmosférica rigurosa. Sobre la tarea de Protección Civil cabe apuntar que está suficientemente protocolizada para que la autoridad correspondiente sepa en cada momento cómo debe actuar. Lo que sucede es que no siempre se adoptan las decisiones con la prudencia, celeridad y coordinación deseables entre autoridades. Sospecho, a falta de confirmación oficial, que es lo que ha sucedido en distintos momentos de esta semana.

Además, las trombas de agua, los desprendimientos en carreteras y vías públicas, los charcos que rebosan aquí y allá, los túneles inundados, los colapsos de tráfico, la paralización de aeropuertos, el cierre de colegios por desperfectos, las inundaciones en bajos y garajes… todos los efectos de la tormenta acreditan la fragilidad de muchas de nuestras infraestructuras y el escaso o mal mantenimiento de las mismas, sobre todo en lo que atañe a saneamiento, alcantarillado y desagües en zonas conflictivas y de reconocida facilidad para la inundación.
A falta del radar meteorológico por instalar en el tinerfeño monte de Cruz de Gala y de la ayuda del superordenador Teide HPC, que podrían mejorar los pronósticos meteorológicos, sería bueno que las autoridades tomaran nota de los fallos detectados durante la actual borrasca para evitar que se repitan en el futuro.