Bienmesame

El turrón

Un servidor tiene para sus adentros que Mariano Rajoy no comerá turrón en La Moncloa. Si acaso peladillas, pero como presidente en funciones, porque puede que se convierta en realidad algo que ya predije hace meses: que el gallego será el primer presidente de la democracia que no repetirá mandato después de los tiempos de Felipe González. Y es que el actual inquilino del palacio presidencial tiene dentro de sus cabeza varios problemas. El primero y más significativo, su cantinela a cuenta de la economía.

Afirma constantemente que España va bien. Lo que nadie le discute. A España le va bien, pero no a los españoles. En España le va bien a los banqueros, los corruptos y ladrones, los grandes empresarios y aún más a las grandes multinacionales. Pero les va fatal a los pequeños y medianos empresarios, a los autónomos, a los trabajadores por cuenta ajena (muy especialmente a los recién contratados). Y no digamos cómo les va a los parados, pensionistas, jóvenes, dependientes; a la gente que espera meses por una prueba diagnóstica y a la que se muere antes de entrar en un quirófano. Dentro del cual le podrían salvar la vida… En España va bien a los diputados y senadores de todos los partidos, a los sindicalistas de pro y de mesa y mantel; a los enchufados en las administraciones públicas. A los dirigentes de los partidos políticos, cargos autonómicos y parlamentarios de las mentadas autonomías. Le va bien a los señoritos imputados por corrupción, la mayor parte de los cuales escapará de la persecución de la Justicia (perdón, de la justicia, en pequeñito, que la grande hace tiempo que se esfumó de España, si es que alguna vez estuvo presente). El segundo grave problema de Rajoy es que sabe que los bancos dan dinero, pero no votos. Así es que habrá ayudado a sanear las finanzas, pero luego de hundir en la miseria a los ciudadanos, que ya no dan crédito a su política. Por tanto, el gallego se quedará muy lejos de la mayoría absoluta. Y necesitará pactos. Pero los catalanes ya no acudirán en apoyo de los partidos nacionales, como en los tiempos de Pujol (ahora comprendemos por qué). El PNV de Urkullu es imprevisible. Y como los canarios de Coalición ya caben en los asientos de un cochito loco de feria -y sobran asientos -pues que el PP no les pida muletas, porque sólo le podrán ofrecer palillos.

Así las cosas, veo más plausible un gobierno de coalición del PSOE con Podemos o del PSOE con Ciudadanos. Pero créanme que no me fío de Pedro Sánchez (cosa que no es de extrañar porque de él no se fían ni los suyos). Y no me fío porque camina de la mano de otra cantinela: la España federal. Y mi idea es la siguiente: una España federal no funcionaría. Sencillamente porque si no funciona la autonómica -y a las pruebas me remito- otra federal se daría de morros como si fueran naves de Ulises atraídas por el canto de las sirenas. Además, el PSOE también está atravesado por serios problemas de corrupción (que no vengan con el cuento de que son vírgenes libres de pecado, que igual pronto alcanzan una buena pedrada). Por lo que, puestos, los dos grandes se van a quedar lejos de la barrera de la mitad más uno del Congreso. Así que a echar manos de Ciudadanos o de Podemos, que son los que se tercian. No sé si resultará. Pero a los mejor se vigilan los bolsillos unos a otros. Y se cuidan muy mucho de meter mano en la saca, a la que han dejado fláccida como las tetas de una vaca escuálida. Que es en lo que han convertido a España. Y olé.