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Ungüento culero

1. El Ayuntamiento de Sevilla ha convocado un concurso para hacerse con kilos y kilos de lubricante culero (bueno, y vaginal) para repartir en los institutos de enseñanza media. Eso de tomar por retambufa parece molar al consistorio sevillano. El año pasado repartió condones y sobraron, así que este año el concurso de adjudicación sólo se refiere al dichoso aceite resbalizo, para que los jóvenes empiecen y acaben la cosa sin esguinces de frenillo y sin trilladuras por delante y por detrás. Yo pensé que Cádiz, con aquella fama de siempre, desde luego absolutamente injusta, igual de injusta que la que tuvo Las Palmas, pues podría ser más apropiada consumidora del ungüento culero, pero parece que no, que la cosa se traslada a Sevilla y que los garbanzos hay que removerlos con suavidad en la ciudad hispalense, dicho sea con los debidos respetos. No vean la que se ha armado con el informe municipal que firma un señor con muchos apellidos -que ahora no recuerdo- y que alude constantemente al “ellos y ellas”, “sevillanos y sevillanas”, ignorando el otrora glorioso género epiceno.

2. Esta España de mentecatos cada vez actúa de forma más rara. Que un ayuntamiento se ocupe de lubricar las relaciones de los jóvenes -y jóvenas- parece de retrasados mentales. Esta izquierdona está enferma, acomplejada y descerebrada. Yo creo que todo viene de que la izquierdona folla poco, de ahí que atice el asunto, a ver si con el lubricante se anima la cosa. En mis tiempos mozos quienes tenían la fama de liberales, miren ustedes por dónde, eran las chicas de las Nuevas Generaciones del PP, en las que hice alguna incursión. Porque en la izquierdona las tías eran muy feas y usaban gafas de cegatas y sandalias de cuero de cabra. Y no había quien les metiera el diente, ni con lubricante. Y olían a cangrejilla.

3. Yo no sé, ni me importa, si este artículo va a despertar fobias contra mí en las redes, como es costumbre, lo cual no sólo no me turba, ni me lubrica, sino que me llena de orgullo y satisfacción, como diría el viejo monarca, que en su momento fue un individuo bregado en el amor. En fin, que me parece a mí que nos estamos volviendo locos y que el dinero del ungüento culero y del otro estaría mejor en una ONG. Y eso.
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