cuadernos de áfrica

El valor de una refinería – Por Rafael Muñoz Abad

No culpo al nacionalismo del fracaso de Canarias como plataforma de entrada a África ni tampoco del languidecimiento de nuestra refinería, pues sería dar protagonismo a unos incapaces que me abochornan. Directamente señalo a la ceguera estatal por no ser lo suficientemente valiente para usar las islas como un eje comercial Atlántico medio-África occidental, a la hora de proyectar nuestros intereses regionales. ¿Cuándo y cómo se perdió este país que después de haber enseñado a los ingleses a navegar sin referencias costeras no damos una derecha en la mar? La clausura de la refinería es uno de los vagones que me hacen ver que Canarias ha ido perdiendo el tren como plataforma de entrada al continente vecino. Más allá de palabrerías, no existe ni aquí ni en Madrid un arrojo real de serlo. España ha subrogado sus intereses africanos a una buena relación con Francia y a ella se acude antes de mover ficha.

Mi reflexión, amparada en la geoestrategia, es conocida. De haber sido parte de Holanda o el Reino Unido, ¿hay alguna duda en que seriamos una máquina de hacer dinero? Les remito a las cuentas bancarias de Aruba o Gibraltar respectivamente. En contraposición, aquí sufrimos una fiscalización autonómica digna de las haciendas de Felipe II. Canarias, como hub de cara al continente vecino, ahorraría un mínimo de 72 horas de navegación entre los mercados del norte de Europa y los puertos africanos; traduciéndose eso en una reducción de costos para las navieras y el consiguiente reajuste que se aplica al precio del producto transportado.

Entre Canarias y Nigeria, sin considerar a la última pues su proyección trasciende nuestra área de influencia, hay seis refinerías con un volumen total de unos 220.000 barriles diarios. En contraste, la -ya sentenciada- refinería de Santa Cruz de Tenerife puede refinar por si sola 100.000 bbls. A diario vemos el negocio pasar ante nuestras narices. Buques tanques cargados con crudo procedente del Golfo de Guinea remontan el Atlántico hasta las refinerías del norte de Europa; petróleo que es devuelto a su origen ya transformado en gasolinas para su posterior venta. No hay voluntad política; una pena.

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