TENERIFE

10 años de ‘blindaje’ de las aguas canarias

Cada año navegan por el Archipiélago 1.500 buques petroleros de gran tamaño  que están obligados a cumplir las medidas que establece la Zona Marina de Especial Sensibilidad, aprobada en 2005. / DA
Cada año navegan por el Archipiélago 1.500 buques petroleros de gran tamaño
que están obligados a cumplir las medidas que establece la Zona Marina de Especial Sensibilidad, aprobada en 2005. / DA

Canarias forma parte del privilegiado club de regiones del planeta que cuentan con una certificación mundial que protege sus aguas. El 22 de julio de 2005, la Organización Marítima Internacional (OMI) aprobaba la declaración de Zona Marina Especialmente Sensible (ZMES) para el Archipiélago, en respuesta a una demanda formulada por el Ministerio de Fomento y el Gobierno de Canarias. Esta medida salvaguarda, al menos en teoría, los valores ecológicos, socioeconómicos, científicos y, sobre todo, medioambientales, frente a las actividades marítimas. Un traje a la medida para una región como Canarias que desde siempre ha sido un enclave estratégico en las grandes rutas marítimas internacionales.

La declaración ponía fin a un intenso proceso negociador, cuyos primeros pasos empezó a dar el Ministerio de Fomento en octubre de 2003. La fase decisiva se afrontó en Londres a partir de abril de 2004 con la toma en consideración de la propuesta. Su aprobación obligaba a las instituciones canarias y españolas a comprometerse con una serie de medidas para la conservación del área delimitada.

Un comité de expertos, integrado por representantes de ambas administraciones, se encargó de la redacción del documento definitivo. Junto a Canarias superaron el examen ese año el archipiélago de Galápagos y el mar Báltico, sumándose a la media docena de áreas marinas distinguidas hasta ese momento en el planeta, entre ellas la Gran Barrera de Coral de Australia, los cayos de Florida o los arrecifes cubanos de Camanguay. El blindaje de las aguas insulares entró en vigor el 1 de diciembre de 2006, una vez superada la reválida final del Comité de Seguridad Marítima de la OMI. Su aprobación no fue fácil por la oposición frontal de Rusia, Panamá y Liberia, así como de potentes instituciones privadas que exigían un cambio en la regulación de la norma vigente.

La Zona Marina Especialmente Sensible de Canarias abarca un perímetro de 12 millas alrededor de las Islas hasta completar una extensión aproximada de 30.000 kilómetros cuadrados en superficie. Supuso un nuevo protocolo para la navegación de barcos con hidrocarburos pesados en tránsito por las Islas, que desde entonces están obligados a notificar su paso, tanto a la entrada como a la salida, a los centros de coordinación de Salvamento Marítimo de Santa Cruz de Tenerife o Las Palmas de Gran Canaria. Las rutas permitidas están determinadas por dos pasillos de tres millas de anchura equidistantes entre Tenerife y Gran Canaria (ruta occidental) y entre Gran Canaria y Fuerteventura (ruta oriental). Asimismo, se establecieron cinco áreas de exclusión que gozan de una protección especial, por donde únicamente pueden navegar barcos pesqueros. Estas zonas son los alrededores de La Palma y El Hierro, el canal entre Tenerife y La Gomera, el suroeste de Gran Canaria y el entorno del Archipiélago Chinijo.

Un rotundo éxito
Antonio Padrón, capitán marítimo de la provincia de Santa Cruz de Tenerife, califica los 10 años de experiencia de la Zona Marina especialmente Sensible como un “rotundo éxito” por lo que respecta a su funcionamiento y objetivos, y de “ejemplaridad internacional” en lo que concierne a su gestión. Hoy, un decenio después, recuerda que “además de los organismos oficiales, todos los sectores implicados de las Islas tuvieron la oportunidad de participar en las sesiones preparatorias para lograr la designación”. Destaca la implicación y el papel activo que desempeñó entonces el Gobierno de Canarias, así como la Dirección General de la Marina Mercante y especialmente el representante permanente en la Organización Marítima Internacional (OMI), cuyo trabajo calificó Padrón de “excelente”.

Antonio Padrón, capitán marítimo. / DA  Milagros Luis Brito, exviceconsejera. / DA
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Milagros Luis Brito, exviceconsejera. / DA

Respecto a los medios existentes para hacer cumplir las obligaciones adquiridas, el capitán marítimo de la provincia destaca que gracias a la consideración de Zona Marina Especialmente Sensible “Canarias cuenta con una de las mayores dotaciones de medios humanos y materiales del mundo” en lo que se refiere a salvamento marítimo y al control de buques a través de los Dispositivos de Separación de Tráfico (DST) establecidos tras la aprobación de la ZMES.

Antonio Padrón insiste en que las aguas en torno a Canarias cumplen ampliamente los criterios que se exigen para la catalogación concedida por la agencia de Naciones Unidas especializada en asuntos marinos. Entre ellos, cita la riqueza de su fauna, con más de 20 especies de cetáceos reconocidas, 500 de peces y miles de animales invertebrados.

Bolas de piche en Lanzarote
Milagros Luis Brito era viceconsejera de Medio Ambiente del Gobierno de Canarias y vivió todo el proceso de negociación en primera línea, antes incluso de que comenzara la tramitación del expediente. “En 2001 aparecieron en las playas de Lanzarote numerosas bolas de piche después de que un barco limpiara sus tanques al norte de las Islas. Entonces Adán Martín, presidente del Gobierno, me llamó y me dijo: ‘A ver cómo podemos controlar esto”.

A partir de ese momento comenzó un largo trabajo. “Nos dimos cuenta de que los buques hacían limpieza de sentinas y la suciedad llegaba a las costas de las islas orientales; delimitamos un perímetro marcando los bordes de las islas estableciendo las zonas de mayor fragilidad de los ecosistemas marinos, pero no teníamos competencias. Lo que hicimos fue consultar a varios expertos que nos indicaron los pasos que debíamos seguir. El organismo clave era la Organización Marítima Internacional y la figura a la que teníamos que aspirar era la Zona Marina Especialmente Sensible”.

A partir de ahí, recuerda la exviceconsejera, comenzó el trabajo más intenso: “El primer paso fue armar un expediente basado en la fragilidad medioambiental. La OMI establecía dos requisitos que debíamos poner en marcha en el plazo de un año: el establecimiento de un plan de contingencia por contaminación marina accidental y la aprobación, por parte de las autoridades portuarias, de protocolos de actuación ante posibles casos de contaminación marina”.

Milagros Luis Brito agradeció la complicidad que encontró en el entonces director general de la Marina Mercante, José Luis López. “Su implicación fue fundamental y su colaboración nos ayudó mucho”, manifiesta.

Hoy, pasado el tiempo, Luis Brito subraya la conveniencia de contar con más medios para poner en práctica todas las medidas de protección que contempla la declaración: “Necesitamos más recursos: barcos, personal entrenado en gestión de residuos marinos, un lugar para depositarlos, boyas, etc.”.

Investigación, infraestructuras y tráfico de barcos

La importancia del medio marino para Canarias se demuestra a través de diferentes parámetros, no solo económicos y medioambientales, también en el campo de la investigación. Desde Capitanía Marítima se recuerda los continuos trabajos científicos nacionales e internacionales que se desarrollan en los campos de la oceanografía, biología, biodiversidad y recursos pesqueros. Además, las Islas cuentan con importantes infraestructuras para la enseñanza e investigación marina, entre otras, las universidades canarias, el Instituto Canario de Ciencias Marinas y el Centro del Instituto Español de Oceanografía. Respecto al tráfico marítimo, es especialmente intenso en esta zona del planeta, lo que hace de los puertos insulares una base de operaciones para una amplia variedad de buques que reciben avituallamiento y apoyo a actividades comerciales. Se calcula que unos 1.500 petroleros de gran tamaño procedentes del Golfo Pérsico atraviesan cada año las aguas del Archipiélago, según la información aportada a este periódico por Capitanía Marítima. Además de la Refinería de Santa Cruz, que recibe un promedio de cuatro millones de toneladas anuales de hidrocarburos, los dos puertos principales canarios son base de una gran actividad de suministro de combustible (bunkering).