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La caza del Leviatán

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La Gomera se convirtió hace ya dos años en el centro de las miradas de la industria cinematográfica. La Warner incluyó a la Isla Colombina, además de Londres y Lanzarote, entre los escenarios del rodaje de En el corazón del mar, la película basada en la novela de idéntico título del autor norteamericano Nathaniel Philbrick, publicada en 2000, que a su vez se inspiró en el suceso del que se sirvió Herman Melville para escribir Moby Dick (1851): el hundimiento del ballenero Essex por el ataque de un cachalote, el 20 de noviembre de 1820, y la crónica de los supervivientes del naufragio.

Casualidades de la vida, otro 20 de noviembre, pero de 2013, DIARIO DE AVISOS compartió junto a otros medios de comunicación una jornada de rodaje en Playa Santiago, en Alajeró, del filme dirigido por Ron Howard (Cocoon, Willow, Una mente maravillosa, Rush) y protagonizado por Chris Hemsworth (Thor, Los Vengadores, Rush) que llegará a las pantallas españolas el 4 de diciembre.

“Rodar esta historia que inspiró a Melville y a su vez a John Huston (Moby Dick, 1956) supone un gran desafío”, afirmó ese día Ron Howard. “Pero no porque queramos hacer nuestra versión de Moby Dick, sino justo porque recurrimos al relato auténtico; hemos intentado filmar una historia de aventuras, una película que entretenga al público, pero de una forma muy realista”. “Me gusta captar la atención de los espectadores mostrándole cosas que no espera -apostilló el cineasta-; como narrador de historias, siempre busco nuevas oportunidades, no solo para cumplir lo que se espera de mí, sino para seguir sorprendiendo a la audiencia. Y esta película ofrece ese tipo de oportunidades, porque no es una nueva Moby Dick, me hubiera negado a hacer un remake sobre el filme de John Huston, es otra cosa muy distinta”.

Pocos meses antes de que comenzase el rodaje de En el corazón del mar, Howard estrenó Rush, la cinta que relata la rivalidad -y la amistad- entre los pilotos de Fórmula Uno Niki Lauda y James Hunt. Si a Lauda lo interpretó el actor hispano-alemán Daniel Brühl, Chris Hemsworth encarnó al heterodoxo corredor británico.

“Algo común a estas dos películas es que en ambas mis personajes son muy competitivos”, afirmó Hemsworth cuando se le preguntó por los dos trabajos a las órdenes de Howard. “Pero si pienso en las diferencias, yo diría que en esta interpreto a alguien
-el primer oficial Owen Chase- más agresivo, que mantiene una extraña rivalidad con una criatura marina”. “Al principio de la historia solo pretendo capturar a esa inmensa bestia, pero, según avanza el relato, se va convirtiendo en una especie de viaje personal y van surgiendo las preguntas: ¿qué estoy haciendo?, ¿qué es lo que me ha hecho llegar al fin del mundo y arriesgar mi vida para intentar atrapar a esta criatura?”. “Sí, al comienzo Owen Chase es una persona que ejerce de líder, alguien dominante que quiere dejar su impronta, pero todo lo que le ocurre le va aportando una perspectiva más espiritual, de respeto hacia ese animal”.

Era inevitable. Con un precedente como Moby Dick, que Huston rodó en Gran Canaria y Madeira hace casi 60 años, de nuevo las preguntas acerca de las semejanzas y diferencias salieron a relucir en la charla con el actor australiano. “Moby Dick es la ficción de unos hechos, pero nosotros rodamos algo más cerca de la realidad. El libro de Philbrick está reproduciendo los testimonios de los supervivientes de esa aventura; habla de la industria ballenera, que a comienzos del siglo XIX era un gran motor de la economía, y también de la experiencia que suponía embarcarse en un ballenero, que era casi como viajar a la Luna, un viaje del que tardabas mucho en volver, o quizás no lo lograbas”.

“Ron Howard es uno de los directores más creativos con los que he podido trabajar. Tiene una energía maravillosa y siempre intenta buscar nuevas soluciones a cada problema”, resaltó el intérprete. “Al final, todo se reduce a estar muy seguro de con quién quieres pasar cuatro meses de tu vida trabajando en una película”.

En un reparto en el que figuran Benjamin Walker, Cillian Murphy o el español Jordi Mollà, el público no tardará en reconocer en el grumete Thomas Nickerson a un más crecido Lucas Bennett, el personaje interpretado por el británico Tom Holland que compartió protagonismo con Naomi Watts y Ewan McGregor en Lo imposible (2012), de Juan Antonio Bayona.

Precisamente, Holland subrayó las oportunidades que le brindan a un joven actor como él poder meterse en la piel de personas que se enfrentan a situaciones límite: “Mi personaje es un huérfano que ha crecido en las calles y al que le suceden cosas que ni siquiera podría soñar”. “También es un chico duro -agregó-, que se maneja muy bien en circunstancias difíciles, hasta el punto de estar casi muriéndose en medio del océano. Me encantan estos personajes. Por ejemplo, su relación con Owen Chase, un héroe con una parte muy oscura que no tiene tiempo para cometer errores y que trata a Nickerson como si fuera su propio hijo”.

Jordi Mollà confiesa que la mayor ballena a la que ha tenido que enfrentarse como intérprete es la de “que no suene el teléfono” con una oferta de trabajo. “Gracias a Dios, ahora no me está ocurriendo, pero lo he vivido”, afirmó. “Soy un actor que trabaja en muchos mercados, pero que no está establecido en ninguno. Pero bueno, uno va haciendo cosas y aprendiendo mucho. Aquí hago de un capitán español que al principio de la historia va a intentar cazar a esta enorme ballena, pero obviamente fracasa. Es una obertura de película muy potente. Luego los protagonistas del filme vienen a buscarme y yo les hablo de esa ballena blanca que se cargó a seis de mis hombres; es mi personaje el que les empuja a ir en su busca”, comentó el actor, quien, cuestionado acerca de cómo ve el hecho de que grandes producciones de Hollywood se estén rodando en España, ofreció una respuesta ambivalente. “Es bueno y es malo. Es maravilloso que un equipo venga de tan lejos a rodar a La Gomera -expuso-; el esfuerzo tiene que valer la pena para la productora, porque de lo contrario hubiera elegido otro lugar. Esto da trabajo a la gente de aquí y eso es fantástico. También es bueno que los americanos comprueben que los técnicos españoles trabajan muy bien, porque de hecho es así. Pero, en esa doble lectura, también pienso que no me gustaría que España se transformase únicamente en un país de servicios para la industria cinematográfica”.

Jordi Mollà no ocultó su entusiasmo por poder trabajar junto a Ron Howard. “Es algo increíble. Es un hombre que no rueda películas, sino hazañas. Tengo cierta experiencia en hacer películas gordas como esta, pero lo que veo aquí es a un director con una pasión impresionante. Siempre había querido hacer algo junto a él, e incluso hubo una posibilidad cuando rodó Ángeles y Demonios (2009), de manera que es fantástico poder coincidir ahora”.

El Nantucket más canario

Cuenta Mark Tildesley, diseñador de producción en cintas como 28 días después, El jardinero fiel o Wonderland, que el reto de Ron Howard era hacer una película que no se sirviese de ningún patrón anterior. La decisión de recrear en La Gomera Nantucket, la isla situada en el noreste de Estados Unidos desde donde entre los siglos XVIII y XIX zarpaban cientos de barcos balleneros, respondió al hecho de que aquí tenían todo lo que necesitaban: la naturaleza y el poder trabajar en una producción de estas dimensiones con absoluta tranquilidad, pero sobre todo la posibilidad de no tener que hacerlo desplazándose a un lugar demasiado alejado de unos grandes estudios.
“Me dieron cinco días para encontrar los escenarios apropiados -comentó Chris Wheeldon, jefe de localizaciones-, buscaban un valle que diera al mar, con montañas verdes al fondo… Entonces vine a Canarias, hice unas fotografías y las envié a Estados Unidos: Ron Howard se mostró encantado con las imágenes, y nos pusimos a trabajar”. “Aquí el director encontró la magia que necesitaba para hacer esta película -subrayó-, las montañas, el mar, la luz… Canarias, La Gomera, ofrece una combinación de elementos que la hacen muy atractiva para rodar. Tenemos una conexión de cuatro horas en avión con Londres y la seguridad que nos brinda Europa; además, resulta mucho más barato filmar que en otros lugares. El coste de los extras en Inglaterra hubiera supuesto cuatro veces más”.

Daniel F. Malone, coordinador de la unidad marítima, precisaba que el mayor desafío de la producción tenía lugar justo en el Archipiélago, pues, a diferencia de la labor en Inglaterra, en La Gomera toda la unidad trabajaba en el agua. “Primero nos documentamos acerca del barco, cuál era el aspecto que tendría una embarcación de ese tipo en la época en la que transcurre la historia; el departamento de arte hizo la réplica y comenzamos a trabajar en el set de rodaje, un tanque móvil con muchas pantallas azules alrededor para recrear las tormentas, y añadiendo poco a poco efectos digitales”.

“En La Gomera estamos continuamente pendientes de la meteorología -explicaba-, porque lo más importante es tener buen tiempo. Hemos escogido esta zona porque no tenemos demasiado tráfico marítimo que pueda retrasarnos el plan de rodaje. Cada película te plantea desafíos diferentes, el de esta era rodar mucho en altamar, y para eso hemos contado con actores magníficos que se adaptan a situaciones muy complejas. En el corazón del mar ofrece una combinación entre drama y acción, y creo que Canarias contribuye de forma importante a que cristalice una historia tan bella”.