SOCIEDAD

Al menos 80.000 canarios padecen graves trastornos alimentarios

Una incorrecta alimentación es la base de algunas patologías, como la anorexia o la bulimia nerviosas. / DA
Una incorrecta alimentación es la base de algunas patologías, como la anorexia o la bulimia nerviosas. / DA

Comer, una actividad que en Canarias está vinculada al placer y el goce de los sentidos, puede convertirse para muchas personas en un auténtico drama. Así lo atestiguan las cifras que aportan tanto las responsables de la Unidad de Trastornos Alimentarios del Hospital Universitario de Canarias (HUC), como la Asociación para la Liberación de la Anorexia y la Bulimia en Tenerife (Alabente), pionera en el Archipiélago en el tratamiento psicológico y dietético de afectados por estas patologías.

Según explica a este periódico la coordinadora del Área Psicológica de Alabente, Nieves Santolaria, resulta muy complicado hablar de cifras, “porque los trastornos de la conducta alimentaria son patologías difíciles de detectar”.
“Hay mucha gente que los padece y lo desconoce; hay otras personas que constan como recuperadas y han vuelto a recaer; y también al revés, enfermos que aparentemente nunca se recuperaron, cuando en realidad sí lo hicieron”.

En Canarias, en la actualidad, entre el 0,5 y el 1% de la población padece anorexia nerviosa; entre el 3 y el 5% bulimia nerviosa; y entre el 5 y el 10% estarían afectados por otros trastornos de la conducta alimentaria no especificados, incluidos niños, adolescentes y adultos. Ello supone que al menos 80.000 personas sufren en el Archipiélago alguna de estas afecciones, que según la psicóloga Nieves Santolaria son más frecuentes en menores de entre 14 y 15 años de edad y jóvenes de entre 20 y 25 años. El origen de la mayor parte de estos trastornos, sin embargo, se suele dar a edades todavía más tempranas, entre los 12 y 14 años, como así constatan las responsables de la unidad especializada del HUC. En dicha unidad se atendieron el año pasado 2.500 consultas, de las que 200 fueron nuevas. “El porcentaje ha ido aumentando a lo largo de los últimos años y cada vez en edades más precoces”, subrayan las mismas fuentes, quienes recuerdan que “hay muchos casos que no son tan graves que se tratan en las unidades de Salud Mental de referencia”.

Desde Alabente, mientras, recuerdan que estas patologías van vinculadas a la personalidad, “pero eso no quiere decir que sean enfermedades crónicas”. “De hecho, últimamente estamos intentando quitarle ese componente de cronicidad, que no ayuda a la curación”, agrega Nieves Santolaria. No en vano, en Canarias el 30% de las personas tratadas superan completamente la enfermedad y pueden hacer una vida normal. Otro 30% supera la enfermedad, pero le queda alguna secuela.

“Pueden trabajar, tener una familia, etc, pero les puede quedar alguna secuela social o psicológica a la hora de comer una determinada comida, comprarse ropa o cosas así”, incide la psicóloga, quien reconoce que el 40% restante se mantiene durante un tiempo bien, pero puede recaer. “Estas personas deben aprender a convivir con el trastorno, porque de alguna manera se le irá manifestando a lo largo de toda su vida”.

En el caso de la anorexia, se empieza a detectar cuando la persona pierde peso, porque el afectado no pone freno a esa pérdida, aunque diga sentirse bien. “A partir de aquí, habitualmente son los familiares los que deciden llevarla al médico de cabecera, a Urgencias o a asociaciones como la nuestra, donde se la valora y se inicia con ella la terapia psicológica y conductual”, relata la psicóloga de Alabente.

Mientras, la bulimia nerviosa es más difícil de detectar. Se trata de personas con miedo a engordar, pero que no son capaces de controlar tanto la alimentación; por eso, realizan dietas muy restrictivas, pero el hambre, la ansiedad y los cambios bruscos de humor que suele conllevar, provocan que se den atracones (comen dos o tres veces más de lo que comería una persona normal), de forma voraz y sin control, después de lo cual buscan medios para eliminar lo que han comido, a través de laxantes, diuréticos o del exceso de ejercicio físico. “Estos enfermos, aunque utilicen medidas compensatorias, se suelen mantener en un peso que a simple vista parece saludable, por lo que es una patología difícil de abordar, ya que se puede mantener durante mucho tiempo y cronificarse”, concluye Nieves Santolaria.

El poder de la imagen en el ‘primer mundo’

-Los trastornos de la conducta alimentaria no especificados son los más frecuentes. Se trata de problemas de origen psicológico, porque los afectados suelen tener baja autoestima y consideran que la mejor forma de llegar a los demás o tener éxito es a través de su imagen corporal; y lo único que saben cambiar de su imagen es el peso. Por eso, suelen hacer dietas o buscan formas compensatorias, aunque sean inadecuadas, para perder kilos o la energía que consumen. Así, la persona con este trastorno tiene problemas físicos y mentales, pero no cumple los criterios de diagnóstico de anorexia o bulimia.

-La psicóloga Nieves Santolaria deja claro que estos trastornos se dan en sociedades desarrolladas, donde la gente accede a la comida con libertad. “La enfermedad tiene un importante factor social, porque si por ejemplo entráramos en guerra o se limitaran los alimentos, seguramente muchas personas dejarían de tener anorexia o bulimia”.