el charco hondo

Alas

Dolores quiere que su hija -de ocho años- celebre la primera comunión para que conmemore como se merece -dice- el paso de la infancia a la adolescencia; eso sí, para que la fiesta sea ideal de la muerte pide la mamá que ahorren a su primogénita algunos engorros sacramentales, saltarse el lío de estudiar el catecismo, eliminar del programa de actos la misa solemne y, ya puestos, que a su tesoro no se le chafe la diversión con liturgias o así. Dolores lo que pretende es que su hija se lo pase mega-pipa con las amigas, que no le aburran la tarde cortando la música para malgastar el ratito con vete tú a saber qué manías eucarísticas. La mamá lo tiene claro. Ha pedido al Ayuntamiento de Rincón de la Victoria la celebración de una comunión civil porque su hija quiere una fiesta sin misa, que no vaya ni Dios. La Corporación no quiere estropear la fanfarria, así que ha aprobado un cambio de las ordenanzas para permitir que celebren primeras comuniones sin misa, comunión, cura o monaguillo que hagan sombra a Justin Bieber.

Al parecer, a la chiquilla lo de hacer la primera comunión se la trae al pairo, pero la han invitado a dos y le desconsoló la fiestuqui, sobre todo la segunda, que tenía un payaso. Ah, y ella de reina, sobra decir. A la hija de la madre cabe reprocharle bastante menos que a la madre de la hija. A Dolores, atea, alguien podría decirle que si la criatura quiere ser princesa por lo civil bien puede comulgarse un par de hamburguesas en las iglesias que sí se dedican a eso. A Dolores deben apuntarle que si quiere celebrar una comunión sin misa le compre a la niña un paquete de munchitos. Que le cedan la parroquia de Rincón de la Victoria para, con el concejal de Urbanismo disfrazado de capellán, organizarle a la niña una misa sin misa en la que comulgue sin comulgar. Importándole poco ofender a tanta gente, por hacerle el gusto a la hija igual le consigue arcángeles. Con alas, faltaría más. Pero de pollo; arcángeles con alitas de pollo y salsa barbacoa.