SUPERCONFIDENCIAL

Los áridos

1. Parece increíble. Y lo que hemos descubierto desvirtúa, aunque no quieran, el proceso judicial. Lo contaba yo el otro día en este periódico, en El Diario de Tenerife.com y en ¡Viva la radio!, un programa que va disparado y por el que otros rechinan los dientes. El Ayuntamiento de Güímar, que clausuró las minas de áridos y denunció (con otros) a los cinco empresarios imputados por un presunto delito ecológico, compró docenas de toneladas de arena y piedras extraídas de esas canteras para realizar obras en el municipio. Aún hay más. En un momento dado, cuando el Tribunal Supremo se cargó el impuesto ilegal que el Ayuntamiento quería endilgar a los empresarios, intentó el Ayuntamiento que Minas le autorizara remover casi todo el Valle de Güímar para hacer negocio con los áridos. ¡El Ayuntamiento! Minas se lo denegó.

2. ¿Qué doble moral es ésta? Quieres explotar las canteras y denuncias a los empresarios que lo hacen, con declaración de impacto ambiental y con convenios ¡con el propio Ayuntamiento! entre otros organismos; y con la anuencia de Minas. Eso sí, sin licencia municipal porque creían que no hacía falta y a lo mejor no hacía falta. Este descubrimiento informativo desvirtúa, como digo, el proceso y debería mitigar la saña de los denunciantes. Hay muchas cosas que contar en el juicio. A algunos se les va a poner la cara colorada y no precisamente a los imputados. Lo de los áridos no es como lo cuentan algunos medios cuya misión principal en esta vida es destripar a los empresarios y a las empresas. Y chantajearlos. Y yo no juego a eso. Yo los defiendo, sobre todo mientras no se demuestre su culpabilidad. Lo otro es un juicio paralelo, como tantos.

3. En fin, permítanme que insista, como dice el anuncio ese de Línea Directa de Matías Prats. Pero en esta tierra de locos uno empieza a hartarse de las demonizaciones, de los juicios paralelos, de la doble moral, de la golfería informativa, de la saña de algunos fiscales y de todas esas cosas. En realidad, estoy harto del país donde vivo. No sé cómo queda gente aquí. Pero como decía don Pío Baroja: ya soy viejo para vivir en América.