SOCIEDAD

El cambio climático pasará factura

Oleaje en el litoral de Punta Brava, en Puerto de la Cruz. / M.P.
Oleaje en el litoral de Punta Brava, en Puerto de la Cruz. / M.P.

El cambio del clima en el mundo, con un calentamiento de la temperatura media global que acarrea el derretimiento parcial del hielo en los polos, es una realidad que pocos científicos ya cuestionan, como proceso acelerado por la contaminación humana. Si acaso la controversia estriba en con qué ritmo e intensidad ocurrirá en este siglo.

En la Universidad de La Laguna, un grupo de profesores estudia la forma de anticiparse y mitigar las previsibles consecuencias de esta alteración del clima, en la Cátedra de Reducción del Riesgo de Desastres. Ciudades Resilientes, que tiene el apoyo de la ONU y está dirigida por el doctor en Geografía, y profesor titular de este centro académico, Pedro Dorta.

Una de las advertencias que hace este equipo de investigación es que Canarias no se está preparando como debiera para los efectos esperables: lluvias y sequías más intensas, olas de calor, oleajes con más potencialidad de causar daños por la elevación del nivel del mar…

“La Ley del Suelo obliga a mapas de riesgo en la ordenación del territorio, pues hay que ir al origen del problema, y aún así casi no hay ninguna sociedad que pueda salir absolutamente indemne de unas precipitaciones de más de 200 litros en un par de horas, pues los problemas van a seguir existiendo, pero sí se pueden mitigar”, afirma Dorta, estudioso de los riesgos climáticos, advecciones de aire del Sáhara y transporte de polvo sahariano y climatología histórica.

Pedro Dorta, Jaime Díaz,  Abel López y Sara Cabello, investigadores de la cátedra de Reducción de Riesgos de Desastres de la ULL. / FRAN PALLERO
Pedro Dorta, Jaime Díaz, Abel López y Sara Cabello, investigadores de la cátedra de Reducción de Riesgos de Desastres de la ULL. / FRAN PALLERO

Otro miembro de la cátedra, Jaime Díaz Pacheco, se ha especializado en sistemas de información geográfica y estudia la evolución de las ciudades a través de la observación y el modelado de la dinámica de cambio de los usos de suelo. A su juicio, es necesario “conectar el desarrollo urbano con los riesgos naturales, y no lo estamos haciendo en Canarias, pues cuando se redactan los planes del territorio, los estudios de riesgo son recomendaciones, pero no son vinculantes”, por lo que, por sí mismos no pueden impedir que el proceso urbanizador se extienda hacia zonas donde no sería conveniente hacerlo. “Entiendo que no podemos cambiar para otro sitio una ciudad o un barrio ya construido, aunque eso se ha hecho en Japón y Francia, pero sí tenemos que evitar repetir los errores de construir en barrancos”, afirma Díaz.

Este experto es además promotor de la ONU para la campaña de ciudades resilientes, adjetivo que alude a las urbes capaces de resistir, adaptarse y recuperarse de los efectos de un fenómeno extremo, a partir, además, de la experiencia ya acumulada. Este especialista asistió en marzo a la reunión preparatoria de la cumbre de riesgo de desastres en la ONU, celebrada en Ginebra.

Abel López, también miembro de la cátedra, es experto en Planificación y Gestión de Riesgos Naturales. “Los riesgos a los que nos exponemos”, explica, “no solo son climáticos, sino geológicos-geomorfológicos, y antropogénicos, como los clasifica la ONU”. Investiga fenómenos como los deslizamientos de tierra, y concluye que hay núcleos urbanos en Canarias que no debieran haberse construido en zonas con ese riesgo potencial.

Sara Cabello, geógrafa, está especializada, dentro de la cátedra, en Protección Civil y Gestión de Emergencias. Cree necesario planificar, estar preparados, e implicar a la población en la prevención de estos riesgos. De hecho, expone que la cátedra no solo se dedica a la investigación y la formación académica, sino también a la divulgación de estos asuntos a la sociedad.

La urbanización de los barrancos, por cuyos cauces pasan incluso carreteras, agrava en Canarias los daños de las lluvias torrenciales. / M.P.
La urbanización de los barrancos, por cuyos cauces pasan incluso carreteras, agrava en Canarias los daños de las lluvias torrenciales. / M.P.

Estos expertos recuerdan que Canarias es uno de los territorios con mayor densidad de Europa, con un relieve muy accidentado, y donde se registran lluvias torrenciales con más frecuencia de lo que parece, a lo que hay que unir que se urbanizaron sin ton ni son barrancos. Consideran, en este sentido, que la reforma legislativa sobre ordenación del territorio que tiene previsto acometer el Parlamento canario debiera servir para introducir como vinculante el factor de reducción de riesgos como los descritos.

“En los casos de nuevas construcciones, esto tiene que tenerse muy claro, pues ya hay normas, leyes, directivas europeas, que ya tienen en cuenta el calentamiento global”, apunta Dorta. Incide en que el calentamiento del agua marina en el entorno de Canarias aumentará el riesgo de precipitaciones intensas, mientras que el calentamiento del Sahara hará que las olas de calor saharianas “cada vez sean más intensas, y eso arrastrará incendios forestales”. Y, desde luego, advierte de que el ascenso del nivel mar, siquiera en los pronósticos menos graves, con alturas inferiores a un metro, provocará que los temporales marinos generen más daño que ahora a nuestras costas, sobre todo en mareas altas.

No pasan por alto estos expertos la importancia del litoral para la economía canaria, pues en él se localizan las playas, claves para el turismo, y los puertos, por lo que en las infraestructuras públicas ya debiera preverse esta elevación del nivel del mar. Lamenta el director de esta cátedra el que ya no se dé prioridad a la Agencia Canaria de Cambio Climático, que hace unos años realizó unos interesantes informes sobre este asunto. Coinciden los cuatro investigadores de la ULL en el riesgo que supone una mayor amenaza para Canarias son las inundaciones por lluvias, que históricamente han causado cientos de muertos, pero ponen el acento también en las olas de calor, sobre lo que no hay estadísticas de víctimas, pero ven “probable” que incluso hayan causado más fallecimientos que las propias precipitaciones. En el caso del riesgo volcánico, su recurrencia es mucho menor, pero su peligrosidad ha aumentado por el intenso poblamiento y la urbanización de las Islas.

Las olas pueden hacer más daño con el aumento del nivel del mar. / S.M.
Las olas pueden hacer más daño con el aumento del nivel del mar. / S.M.

Díaz advierte de que “cada vez somos más urbanos y estamos más desconectados de la naturaleza, por lo que no tenemos conciencia de las cuestiones naturales, como teníamos antes”. “Se han tapado barranquillos, y se ha dejado uno, al que ahora se transfiere el caudal de los desaparecidos”, advierte este especialista en procesos participativos incorporados a la evaluación de riesgos. Y es que, en su opinión, para los mapas de riesgo y planes de emergencia es importante tener en cuenta el conocimiento de la población local sobre sucesos ya ocurridos.

Pero Díaz no oculta también que, si bien muchos efectos del cambio climático serán negativos, como el riesgo de epidemias por llegada de insectos que transmiten enfermedades, otros pueden ser incluso positivos, como la posibilidad de que nuevos cultivos se adapten a Canarias.

De esta cátedra forman parte también Carmen Romero, geógrafa estudiosa del volcanismo histórico; Sebastián Martín, experto en implantación de planes de emergencias municipales; Gloria Elena Gil, especialista en Psicología Social y Resiliencia; y como colaboradores, Constantino Criado, profesor de Geografía Física, y Lucas González, médico epidemiólogo.

Sin plan el 65% de los municipios

La Cátedra de Reducción de Riesgos Naturales de la Universidad de La Laguna aporta un dato revelador: solo 11 de los 31 municipios de Tenerife tienen plan municipal de emergencias, al que están obligados por ley. Pronto se les unirá el Ayuntamiento de Güímar, que además es el único que apoya económicamente a este equipo universitario, según destaca su director, Pedro Dorta. En concreto, disponen ya de esta planificación La Laguna, El Rosario, Candelaria, Santa Cruz de Tenerife, Adeje, Candelaria, Icod de los Vinos, Arico, El Tanque, Puerto de la Cruz, Tacoronte, San Miguel y Güímar. Dorta apunta que la consecuencia de no disponer de un plan de emergencia es “la improvisación” en la respuesta que se da cuando el fenómeno adverso ocurre, y se tiene que recurrir conforme a planes de mayor escala, como los insulares o el autonómico. “Hay municipios que tienen servicio de protección civil que funcionan muy bien, pero otros no; y aunque un plan de emergencias municipal no es la panacea, sí que permiten mejorar muchas cosas, y además, por ley los municipios deben tenerlos”, expone este doctor en Geografía y profesor titular de Geografía Física. Jaime Díaz, especializado en procesos participativos para la elaboración de información cartográfica asociada a la evaluación de riesgos, afirma que los planes de emergencia hay que elaborarlos con la participación de los vecinos. “No hay que tratar este tema de una manera catastrofista, sino preventiva”, apostilla.