sin pelos en la tecla

Códigos impuros – Por Cecilio Urgoiti

Decía Max Weber que: “Las relaciones humanas son relaciones de conflictos y dentro de ellas están los críticos del conflicto y los no críticos…”. En relación a tal principio sociológico, se observa que los humanos mentimos en nuestras relaciones sociales, profesionales, afectivas e incluso de cualquier otra índole. Se ha llegado a la conclusión, según supe en un estudio para La noche temática, que cada día oímos o leemos más de 200 mentiras. No es posible saber cuándo alguien nos está mintiendo, durante siglos se ha intentado encontrar un método a ciencia cierta, por tanto científico, que pueda destapar a los boleros, desde el polígrafo, hasta métodos menos escrupulosos, como la tortura, pero nada sirve para ratificar el embuste y es que aquí, al mundo, se viene sin saber y por tanto a aprender, y nos vamos pensando mentirosamente que sabemos y no es verdad. Ya nos dijo Machado: “En mi soledad he visto muchas cosas y, ninguna es verdad”.

Hoy nuestras relaciones con la vida política están íntimamente vinculadas a la anterior afirmación y cada vez se agudiza más y se derrochan más medios para hacer creíble lo que sabemos que es mentira, y desde que nace como idea se repite, insistentemente, para convertirla en cierta y que sea verdad. Culpa de ello tienen, en cierta medida, los medios de comunicación, que en muchas ocasiones ayudan a la difusión y me atrevería a decir que ya ni se redacta, simplemente se “copia y se pega” y a otra cosa mariposa.

Actualmente los códigos se han transformado en la base que mantiene la comunicación. Cada vez que usamos el ordenador, navegamos por Internet, hablamos por teléfono o conducimos, por poner unos ejemplos, una infinidad de códigos, aparentemente ininteligibles y de forma automática, se ponen en funcionamiento. Quizá no somos conscientes, pero todos los días, en cualquier parte del mundo, circula gran volumen de información de carácter secreto, cuya privacidad está certificada y garantizada gracias a un lenguaje basado en códigos, sólo descifrables por el emisor y el receptor de dicho mensaje. Los códigos digitales se basan en ceros y unos y me permito recordarles que no son números primos, pues primos somos los que constantemente nos dejamos embaucar por trileros que nos manipulan desde el ámbito del poder.

Hay historias que nunca saldrán en los periódicos, la radio o la televisión. “Esta todo pensado”, se puede afirma categóricamente sin miedo a equivocarnos. En EE.UU., cinco grandes grupos privados de comunicación controlan el 90% de los medios. Ellos deciden qué es noticia y qué no lo es y lo cierto es, que lo es, en función de sus intereses y no de otra forma o manera. Sus prácticas habituales son: censura, corrupción, encubrimiento… Estos días hemos vivido el despido de Miguel Ángel Aguilar de forma fulminante, tras las críticas que expresó sobre los principales diarios españoles, en un reportaje publicado en los pasados días en The New York Times, afirmando que “los periódicos están en manos de los acreedores”. El Gobierno tiene los mecanismos para presionar y decidir qué es la libertad de expresión, no necesitamos mas pruebas, todo sigue atado.

La libertad de prensa esta en un callejón sin salida y ciertamente en peligro. El periodismo es de las únicas profesiones protegidas explícitamente en el artículo 20, por la Constitución del 78; ese derecho constitucional, que es la libertad de prensa, me hace pensar como ciudadano y a su vez preguntarme si las noticias que recibo a diario, a través de los canales habituales, están, como están, al servicio de los mercados o de la verdad, y si así es y por consiguiente, si obedecen a criterios exclusivamente capitalistas, qué hacemos consumiendo esa impureza.

PD: La educación, la sanidad, la formación ciudadana, la libertad, evitar la marginación y… Son el único camino de lucha para la integración social y por ende, de toda cultura. Ahora toca, todo mi amor al pueblo francés y le pido reflexión antes de culpar…