el diván

La competitividad

Ya lo escribieron Jennings y Haughton: “No son los grandes los que se comen a los pequeños, son los rápidos los que se comen a los lentos”. Son muchas las personas que sienten insatisfacción laboral por culpa de la competitividad. Más que ir a trabajar, van a una competición donde el objetivo laboral se convierte en comprobar quién salta más alto. Es cierto que en los equipos de trabajo la competitividad puede llegar a ser positiva puesto que hace que los profesionales apuesten por mejorar continuamente, mantener el ritmo y así, obtener resultados. Nadie dice que aspirar a lo mejor dentro del ámbito profesional sea nocivo, pero no todo vale y el problema surge cuando el mantener el puesto de trabajo supone pisotear a otros para conseguirlo. En este sentido, estamos hablando de conductas destructivas que suponen provocar altos niveles de ansiedad, mal ambiente laboral, estrés y, por parte de quien lo practica, falta de civismo. Personas que, muchas veces por desconocimiento, por haber aprendido esta forma de alcanzar el éxito impulsadas únicamente por su ego, no son conscientes del flaco favor que se están haciendo. El éxito a cualquier precio tiene un precio muy alto.

Dar lo mejor de ti y esforzarte por superarte cada día es una virtud, pero cuando pretendes mejorar destruyendo a quien tienes al lado, es detestable. Recuerda que la vida da muchas vueltas, por lo que “trata con mucho respeto a quien te encuentres en la subida porque algún día puedes encontrártelo en la bajada”.

A todos nos agrada sentir que reconocen nuestro esfuerzo, pero se puede lograr el mismo resultado sin luchar de manera sucia contra tu rival profesional.

Gran parte de nuestro día lo pasamos en el ámbito laboral, por lo que intentar no desgastarnos a nivel emocional es esencial para evitar la insatisfacción personal. Pasamos más tiempo con nuestros compañeros que con la propia familia y manteniendo conductas nocivas hacia ellos solo lograremos el desprecio por parte del equipo. Convivir día a día en este ambiente es demoledor.

Comportándonos con respeto, cortesía, haciendo alarde de buenos principios y valores incluso hacia nuestros rivales, demostraremos mayor ética profesional y esto también es esencial y valorado para un posible ascenso. Manteniendo esta actitud de competitividad insana nos quedaremos solos y recuerda que solo ganaras partidos, pero en equipo ganarás campeonatos. Absolutamente todos necesitamos apoyo social en algún momento. Haz que no huyan de ti.

Si quieres convertirte en líder, debes estar en un constante proceso de aprendizaje durante toda tu carrera profesional. Gasta y emplea tu tiempo y energía en reciclarte, y no en conductas que hablan mal de ti. Las grandes empresas no buscan a tiranos o trepas, sólo gestores de equipo. La clave para ser uno de ellos no es otra que saber comunicar y ser eficaz en la resolución de conflictos. Aprovecharse y utilizar a un tercero para conseguir un beneficio propio sin importar los medios que utilice para conseguirlo proyecta desconfianza y, al final, eso perjudica.

Si coincides con un trepa y tienes un enfrentamiento directo con este (lo cual apetece), al final te pondrías en evidencia tú mismo, y más demuestran las acciones que las palabras. En cualquier caso, provocar al trepa a que tome iniciativas y que las desarrolle el solo, analizando los resultados de forma individual, hará evidente al grupo la actitud de cada miembro.

Desconecta del trabajo fuera de la jornada laboral. Para contrarrestar el tiempo que dedicas en un ambiente destructivo, haz deporte, hobbies, busca actividades que te produzcan satisfacción y rodéate de personas que te hagan sentir bien.

“Cuando tratas de subir hundiendo a los demás, no tardarás en ahogarte en tu propio éxito”.

tamaraconsulta@gmail.com