tribuna

Un cuarto de siglo del Proyecto Hombre – Por Antonio Hernández*

En una ocasión como ésta, la gratitud es el primer sentimiento que expreso a los residentes, que vivieron en su propia carne, el tránsito de la dependencia a la autonomía personal; a las familias, que pasaron del sufrimiento al gozo por la recuperación de los suyos; a las personas que intervinieron directa, profesional y humanamente, en el proceso de cambio de tantas personas, tanto a nivel laboral como de voluntariado; a las diócesis canarias que, a través de Cáritas, iniciaron esta andadura, y a las comunidades parroquiales y religiosas que siguieron su desarrollo; a las autoridades e instituciones de todos los ámbitos que confiaron y apoyaron a nuestra Fundación; a las empresas, asociaciones civiles y profesionales, así como las personas que colaboraron y animaron nuestro trabajo. Y, expresamente a don Damián Iguacen Borau, entonces Obispo de Tenerife y hoy, con sus noventa y nueve años, Emérito, porque fue la pieza clave en los orígenes y primeros pasos de nuestra historia. Para los que peinamos canas, veinticinco no son muchos años pero, vivirlos día a día, con intensidad y constancia, superar dificultades de todo tipo sin perder la esperanza, suponen una suma de recuerdos y emociones que me permito comentar con los lectores. Quiero contarles los inicios de una aventura y las razones que nos llevaron a emprenderla.

En 1987, Cáritas de Tenerife hizo un estudio de la realidad social y la desigualdad de las Islas, que también asumió la fundación grancanaria. Las conclusiones retrataron la pobreza y la marginación de muchas familias como consecuencia del consumo de drogas. Entendimos la urgencia de responder, a nivel regional, a este problema desde la propia identidad; a intervenir sobre las causas, no sólo sobre las consecuencias; a poner en valor a la persona y a dirigir el trabajo a su desarrollo integral, acompañando procesos individuales con las familias y su integración responsable en la sociedad.

Para esta labor fue imprescindible la participación del voluntariado, como referente en el proceso de superación de las situaciones de desigualdad y marginación; y se necesitó, además, una actuación técnicamente cualificada, con la intervención de profesionales justamente remunerados. De estos propósitos salió el Proyecto Hombre, cuyos primeros veinticinco años celebramos este otoño.

De este itinerario de vivencias compartidas, de crecimiento personal y colectivo en madurez, de dificultades experimentadas y superadas, de ideas y de decisiones, me permito reseñar cuatro momentos que marcaron el antes y el después de una obra que marcó mi alma para siempre. En 1988 contactamos con los programas del Proyecto Hombre que existían en España. Comenzó el proceso de formación del responsable y del primer equipo de trabajo. En los primeros meses, los jóvenes que entraron en el programa iniciaron su rehabilitación en Málaga, mientras en Tenerife se ponía en marcha la Fundación Cesica y se buscaban recursos económicos y espacios físicos para iniciar los programas. En 1990 se abrieron en un breve espacio temporal los Centros de Acogida de Tenerife y Gran Canaria. De modo progresivo, se implantaron las Comunidades Terapéuticas y de Reinserción. El Programa Tradicional contempló las situaciones de las familias, especialmente las de menores recursos y las que vivían lejos de los Centros de Acogida y, para ayudarlas, se abrieron los pisos de acogida, gracias a la implicación familiar y al apoyo de entidades públicas y privadas. Las dificultades y los logros sirvieron para blindar el entusiasmo y cubrir una segunda fase de importancia superlativa: la diversificación de las respuestas ante las nuevas realidades, la aplicación de metodologías innovadoras y la implantación de proyectos y programas diferenciados. Ante el aumento del consumo de drogas en la adolescencia, en 1997 nació el Proyecto Joven-Programa Nova. En 1998 se puso en marcha la Casa de Oficios para la formación Ocupacional. En 2000, con motivo del X Aniversario, creamos el programa Garoé para consumidores de cocaína y Entre todos de prevención escolar y formación de educadores y familias; el Taller de Empleo de Educadores de Pisos, y la Casa de Oficios y Escuela Taller.

En 2007, por la llegada de nuevos perfiles y nuevas demandas, se modificó la estructura y metodología del Proyecto Tradicional, gracias al esfuerzo de todo el personal a través de una evaluación continua. Los nombres propios que recuperaron el sentido de sus vidas y se integraron responsablemente en la sociedad justificaron plenamente este trabajo. A partir de 2012, el Proyecto Hombre no quedó al margen de la crisis global que nos castigó sin pausa durante cinco años y aún dura. Por falta de recursos económicos, hemos tenido que dejar de intervenir con un colectivo de suma importancia: los adolescentes con problemas de consumo de sustancias y sus familias. Se cerró, ojalá que no sea para siempre, el Proyecto Nova. Otra consecuencia de la recesión fue la reducción de la plantilla de profesionales, con cuanto supone la pérdida de empleos para los afectados y sus familias, para el programa y sus beneficiarios, para la Fundación y para el conjunto de la sociedad. También tuvimos que reestructurar nuestros programas para atender a la misma demanda con menos personas.

Pero estas cuitas, no restan ni una migaja de gozo a lo que, entre todos, hemos logrado en este cuarto de siglo. Y con una noticia que avala la continuidad del Proyecto Hombre y es que, con la participación del equipo directivo, se han formado tres trabajadores que asumen corresponsablemente la dirección, la gerencia, y coordinación terapéutica, en sintonía con el Patronato de la Fundación. Sería utópico pensar que el Proyecto Hombre y todas las entidades que trabajan en este campo de la salud con esta singularidad, no son necesarias porque el problema ya no existe. ¡Qué felices seríamos! Pero la realidad es bien distinta. Por esta razón, trabajaremos con la esperanza objetiva de que es posible erradicar las causas, y devolver a la sociedad, a familias y jóvenes que se vieron inmersos en el pernicioso mundo de la dependencia. Vivimos con esa convicción y con la confianza de la ayuda imprescindible de la sociedad para combatir esta lacra y lograr un mundo más justo y feliz.

*Presidente de Proyecto Hombre