OPINIÓN

Danzad, danzad, malditos – Por Manuel E. Díaz Noda

En Mi gran noche, Álex de la Iglesia pone en su punto de mira nuevamente el microcosmos de las grandes galas televisivas, concretamente la reina de las producciones catódicas, el programa de Nochevieja. El director utiliza ese gran contenedor de lo más hortera y frívolo para caricaturizar elementos como las rencillas entre los artistas, los abusos de los directivos, las intimidades de las celebridades y la pérdida del orgullo del ser humano a cambio de la fama o ante la desesperación en tiempos de crisis. En ese microcosmos encapsulado en el espacio de un plató de televisión se reúnen un conjunto de tramas con las que el cineasta ha querido dibujar una visión esperpéntica de las miserias del ser humano. De la Iglesia se apoya en un reparto coral en estado de gracia, donde por encima del notable trabajo de artistas como Mario Casas, Blanca Suárez, Carlos Areces, Enrique Villén o Carmen Machi, brilla un sublime Raphael parodiándose a sí mismo al mismo tiempo que reclama desde ya su Goya a mejor actor secundario. Sin embargo, la proliferación de subtramas acaba pasando factura al conjunto. Después de divertirse durante gran parte de la película con los guiños referenciales, los personajes grotescos y su peculiar sentido del humor, cuando llega el momento de empezar a cerrar las diferentes tramas, el director y coguionista apela a su habitual recurso de meter una secuencia desproporcionada, llena de fuegos de artificios, que, sin venir a cuento, provoca de manera forzosa una conclusión de la cinta. Mi gran noche es un buen ejemplo de película de Álex de la Iglesia, el tono de la historia, las características de los personajes, lo virtuoso de la puesta en escena y lo estrafalario de su sentido del humor, hacen que sea un título al gusto de los seguidores de su cine; sin embargo, esto supone también que estemos ante un trabajo que evidencia su incapacidad o desinterés por corregir algunas de las fallas de su filmografía. Sea como fuere, se trata de una película divertida, accesible y que sabe reflejar con ironía las vergüenzas de la televisión actual.