cuestión de grises

En el aire

Sé que me equivoqué, pero me sentí al otro lado del mundo. Nunca supe qué significaba eso y, sin embargo, no pude evitar la sensación de vivir en un domingo eterno. Sentí la resaca del silencio y la condena de la poesía en una jornada en la que nadie se podía salvar de ella. Aquel lugar representaba a una ciudad sin habitantes, a una universidad sin alumnos, a un mar sin vida, a una foto sin sol, a un mapa sin calles. No lo pensé entonces, pero ahora me doy cuenta de que me atrajo encontrarme en un espacio que había perdido su identidad. Allí se vivía mucho más de lo que yo estaba contemplando y, aún así, me alegré de no tener que presenciarlo. Me sentí feliz por haber huido, precisamente, de la felicidad. Por no ser quien contemplara la vida pasar y sonriera como si todo aquello le importara lo más mínimo. Me daba igual y me encantaba no tener que fingirlo.

El resultado solo podía ser una cosa: la fascinación por las cosas fuera de su contexto habitual. Decidí olvidarme del tiempo y me pregunté si algún día querría hacer otra cosa que no fuera viajar, que no fuera vivir en el sinsentido de pertenecer a un lugar al que solo se vuelve con la certeza de que se partirá de nuevo. Supuse que, a pesar de todo, la felicidad también era eso, que cada uno encontraba su espacio aunque fuera en ninguna parte. Había aprendido hasta entonces que nadie podía ser sonrisa constante; no me fiaba de aquellos que solo se mostraban demasiado satisfechos para aparentar una vida que no tenían. También comprobé algunas de mis sospechas más íntimas: me había acostumbrado a no echar de menos a nada ni a nadie. O solo a unos pocos. Por eso aquel lugar fue un rincón feliz, tal vez solo alegre. Porque no hay momentos felices, sino instantes de alegría y existencias felices, pero nadie puede cambiar a quien nace con esencia de tristeza. Estoy segura de que el tiempo me dará la razón aunque sea demasiado tarde. También he entendido a lo largo de los años que las palabras siempre callan más de lo que pueden decir y se esconden entre construcciones absurdas. Intuyo que mañana ya no sería el día adecuado para volver y, aún así, lo intentaré. Buscaré entre los recuerdos para explicar que, como me dijeron en medio del aire, alguna vez seremos sin estar despiertos.