En tierra de lobos

Sicario-pelicula

MANUEL E. DÍAZ NODA

La filmografía de Denis Villeneuve se ha caracterizado por representar un enfrentamiento continuo entre idealismo y violencia. Sus personajes parten de una posición moral para después enfrentarse a la disyuntiva entre ese optimismo quijotesco y lo corrupto de la realidad. En su último trabajo, Sicario, esa dualidad es llevada por el cineasta al contexto de la lucha antidroga operante entre Estados Unidos y Latinoamérica en la frontera con México.

Bajo la visión del guionista Taylor Sheridan y el director Dennis Villeneuve, esta confrontación parece ser una batalla perdida, donde la integridad de la protagonista, una novata e idealista agente del FBI, tiene poco que hacer contra la corrupción del sistema, hasta el punto que esta mirada pesimista lleva al espectador a cuestionarse si realmente ese idealismo moral no es más que una impostura ingenua e irreal, frente al terror y la violencia que impera en la película. Para que este enfrentamiento tenga efecto, Villeneuve se esmera en la dirección de actores, especialmente en lo que se refiere a su trabajo con Emily Blunt y Benicio del Toro, entre cuyos personajes se genera un vínculo especial, contrapuestos, pero que saben reconocer el uno en el otro su posición a ambos lados del espejo moral de la historia.

Villeneuve no sólo cumple a la perfección como director de actores, también ofrece una compacta escenificación de la violencia, de una gran frialdad y la limpieza narrativa, con poderosas set pieces donde la imagen refleja toda la tensión y brutalidad de la historia. Aquí juega un papel fundamental la labor de iluminación de Roger Deakins, quien repite con Villeneuve después de su fantástico trabajo en Prisioneros y que vuelve a demostrar que es uno de los más extraordinarios directores de fotografía del panorama hollywoodiense actual.

Sicario se convierte así en un intenso thriller que hereda los modos de los años 70 y los adapta a las características del cine espectáculo actual, visualmente contundente, pero sin desatender el componente humano de los personajes y la historia, consiguiendo un espléndido equilibrio entre la pulsión comercial del cine de Hollywood con la mirada personal del cine de autor.