SANIDAD

Enganchada a la vida

Belén superó dos infartos y estuvo un mes en la UCI esperando su nuevo corazón. / DA
Belén superó dos infartos y estuvo un mes en la UCI esperando su nuevo corazón. / DA

El destino, siempre caprichoso, parecía haber dado la espalda a Belén Rodríguez, una tinerfeña de 43 años que el pasado 15 de mayo sufría un infarto que estuvo a punto de acabar con su vida. Sin embargo, su lucha y el esfuerzo de los profesionales de la Unidad de Cuidados Intensivos Cardiológicos del Hospital Universitario de Canarias (HUC) hicieron que se obrara uno de esos pocos milagros que a veces suceden en los momentos más difíciles. Porque Belén, que sufría una afectación muy poco frecuente de las arterias coronarias, pudo salvar la vida merced a un trasplante de corazón, tras convertirse en el primer paciente del país en ser trasladado en avión conectado a un complejo sistema de circulación sanguínea extracorpórea.

Belén sufría una afectación muy poco frecuente de las arterias coronarias

Apenas cinco meses después de aquella odisea, esta heroína realejera y su marido, Pedro Borges, relatan al DIARIO aquella experiencia junto a los cardiólogos que la trataron en el HUC, Martín García y Pablo Jorge, a los que ella conoció unos días después de salir del Hospital Doce de Octubre madrileño, donde fue sometida al trasplante. Y es que Belén no recuerda nada de todo el proceso, ya que su memoria se quedó atrapada en el centro de salud al que la llevó una compañera de trabajo aquel fatídico 15 de mayo en el que empezó a encontrarse mal. Sin antecedentes cardiacos ni problemas aparentes, enseguida fue derivada a la clínica San Fernando, ya que había sufrido un leve infarto. “Después la trasladaron urgentemente al hospital, donde le dio otro mucho más fuerte”, expone Pedro, quien recuerda que Belén estuvo toda una semana “peleando por vivir”. “Gracias a Martín y Pablo (los citados cardiólogos que la trataron en el HUC), salió adelante”. Uno de ellos, Martín García, deja claro que “la situación en la que ingresó la paciente era muy grave. Sospechamos que había una obstrucción coronaria que había que solventar; pero mientras realizábamos la intervención del cateterismo, la oclusión se agravó y sufrió una parada cardiorrespiratoria, que logramos superar. Pero el daño que sufrió fue tan profundo y extenso que hizo que se produjera un shock cardiogénico, que es de las situaciones más graves que se pueden producir en el ámbito de la cardiología clínica. Ello nos obligó a tomar una serie de medidas terapéuticas escalonadas, hasta llegar al punto de determinar la necesidad de ponerle un dispositivo mecánico de asistencia circulatoria, para poder mantenerla con vida y ganar tiempo antes de tomar una decisión sobre qué procedimiento adoptar”. Finalmente, y aunque nunca antes se había sacado la referida máquina de circulación extracorpórea del hospital, y mucho menos para realizar un traslado en avión, los cardiólogos del HUC determinaron que ese viaje era la única opción para mantener a Belén con vida. “No nos paramos a pensar entonces que era un tipo de traslado que no se había hecho antes”, recuerda Pablo Jorge, que junto al enfermero del Servicio de Urgencias Canario (SUC) Braulio Díaz acompañaron a la paciente en la aeronave. “Tomamos la decisión porque creímos que era la mejor solución en ese momento, porque no había otra opción que llevarla a Madrid a realizarle un trasplante, ya que habíamos agotado todas las alternativas que teníamos en nuestro centro”. La planificación del traslado fue muy difícil, a pesar de que incluso el 1-1-2 priorizó el caso de Belén por encima de cualquier otro. “Hablamos con la familia, y sentí una sensación de unión total con ellos y con la gente del SUC”, incide el cardiólogo, quien recalca que “nunca se había hecho un traslado con un paciente sedado, conectado a un sistema de ventilación mecánica y una máquina de circulación extracorpórea. No en vano, por problemas de peso en el avión solo viajaron los dos pilotos, el médico y el enfermero. Además, solo para subir y bajar del aparato tardaron una hora y necesitaron la ayuda de una docena de personas. “Ni siquiera me dio tiempo a pensar en nervios, ni a ponerme el cinturón de seguridad, porque lo único que me preocupaba era que Belén no se moviera y siguiera estable”, recuerda Pablo Jorge de las casi cinco horas que duró el trayecto hasta la capital de España.

Una vez en el Hospital 12 de Octubre, la tinerfeña empezó otro particular calvario en la UCI, hasta que el 27 de junio recibía la noticia de que habían encontrado un donante compatible con su corazón. “Solo sé que venía de San Sebastián, porque no nos dieron más datos. Aunque me gustaría conocer a la familia de esa persona que me donó el corazón, para darle las gracias, porque creo que es un gesto enorme”, relata Belén, que ha superado el post-operatorio con una fortaleza poco habitual. “Me encuentro muy bien. Ahora solo pienso en vivir, en disfrutar y hacer todas aquellas cosas que no hacía por motivos económicos o por miedo. De hecho, no voy a dejar de hacer cosas por lo que pueda pasar”, agrega la realejera, madre de dos niñas y también abuela.

Su experiencia -incluso perdió a su padre estando ingresada- le ha servido para darse cuenta que “le damos demasiada importancia a cosas que no la tienen”. “Ahora me río con lo que me pasó, porque no pienso llorar más por aquello. La gente me dice que soy un ejemplo de vida, y mis amigos me usan para hacer terapia”, concluye.

Belén y su marido, Pedro (2i), junto al equipo médico del HUC. / DA
Belén y su marido, Pedro (2i), junto al equipo médico del HUC. / DA

Razones para confiar en el sistema público

El caso de Belén ha vuelto a poner de manifiesto las virtudes del sistema público canario, tan criticado y siempre en el ojo del huracán. “Aquí hay profesionales muy válidos, y creo que si se les dan más recursos, se podrían hacer las mismas cosas”, expone la paciente tinerfeña, que agradece el trato humano que dieron tanto en Madrid como en Tenerife el tiempo que permaneció ingresada.
Su marido, Pedro, opina igual que Belén, al tiempo que anima a la gente a que done sus órganos. “Hay que concienciar a la población de que se pueden salvar muchas vidas, y las familias de los donantes deben sentirse felices de saber que, por ejemplo en nuestro caso, ese corazón sigue latiendo”, recalca.

Por su parte, el cardiólogo Pablo Jorge deja claro que “en Canarias hay muy buenos profesionales, pero los recursos no son los mejores. Hay que coordinarlos mejor y orientarlos a donde podamos obtener mejores resultados. No es una cuestión de derrochar, sino implementarlos donde realmente vayamos a obtener un beneficio”. “Este es un caso excepcional, en todos los sentidos, pero debemos estar preparados por si se repitiera”, recalca.

La tripulación justa

El piloto, el copiloto, el cardiólogo del HUC Pablo Jorge y el enfermero del SUC Braulio Díaz fueron los únicos pasajeros que acompañaron a Belén durante aquel traslado a Madrid. El vuelo se prolongó durante casi cinco horas.

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El problema de la estabilidad

El principal objetivo del cardiólogo y el enfermero que asistieron a Belén durante el trayecto, fue conseguir que permaneciera estable a lo largo de todo el vuelo y sin complicaciones.

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Una prueba de fuego también para la máquina

Este dispositivo, compuesto de una bomba centrífuga fuera del cuerpo y un aparato de control que regula el volumen circulante de la sangre en todo momento, se encuentra únicamente en las unidades de Cirugía Cardíaca y Cuidados Intensivos Cardiológicos de los hospitales, por lo que su adaptación al avión y para un traslado como este fue extremadamente compleja y delicada.

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Máxima prioridad

Tanto el 1-1-2 como el 12 de Octubre dieron máxima prioridad al caso de Belén, y pusieron todas las facilidades para el traslado y posterior ingreso hospitalario. La coordinación con el HUC fue básica para salvar su vida.

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